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Debemos Presumir el Consentimiento

Enero de 2003

Cada vez más y más personas con VIH y/o hepatitis van a necesitar transplantes de órganos, particularmente transplantes de hígado. A medida que un mayor número de personas en el mundo descubrimos que somos portadores de uno o más de estos virus, aún si estamos recibiendo tratamiento -- o mejor dicho, particularmente si estamos siendo tratados -- mayor es la probabilidad de que uno de nuestros órganos vaya a dejar de funcionar adecuadamente. Y mientras más tiempo recibamos tratamiento, más tiempo vivimos y más posible es que esto suceda.

Con todos los nuevos medicamentos contra el VIH y la hepatitis viral, ahora resulta seguro, bien, kosher hacer transplantes a los "coinfectados." Hasta el New England Journal of Medicine ha publicado escritos aprobando dichos transplantes. Las compañías de seguros ya no pueden simplemente rechazar el pago de estos costosos procedimientos alegando que son todavía "experimentales." Ya se demasiados de ellos han resultado exitosos.

En la actualidad hay cientos de miles de personas en este país esperando órganos. La mayoría de ellos morirá antes de poder recibirlos. Muchos morirán después de que hayan sido puestos en una lista de espera. ¿A qué se debe esto? A que no hay un número suficiente de personas en América que donen sus órganos para que sean usados después de que fallezcan. Es tan simple y tan complicado como eso. Hay más de cinco personas esperando por cada órgano donado que queda disponible.

En muchos países esta escasez extrema no existe. Esto es debido a que en estos países (incluyendo a Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Italia, Noruega, Singapur y España) tienen lo que se denomina un sistema de recolección de órganos con "consentimiento presumido." Esto quiere decir que se presume que cada persona es un donante de órganos a no ser que expresamente especifique lo contrario. Cuando ocurre un accidente a una persona que no haya expresado su deseo de no ser donante, y se declara la muerte cerebral, pueden extraerse inmediatamente los órganos sin todo el tejemaneje que se requiere aquí para la "aprobación." Un órgano solo cuenta con unas pocas horas para ser trasladado de un organismo a otro. En América usted firma en el respaldo de su licencia de conducción si usted desea ser un donante de órganos, y aún así muchos centros aún requieren permiso por parte de un miembro de la familia, que créalo o no, puede no ser otorgado.

Desde que recibí mi transplante he estado tratando de encontrar la manera de cambiar el sistema de la donación de órganos en América para que se adopte el Consentimiento Presumido. Pues bien, es como si el Consentimiento Presumido fuera la mayor blasfemia que se conociera en la civilización. Los oponentes de derecha, los conservadores, los ortodoxos, o los que sean, incluyendo a la ACLU (¿sabía usted que los órganos de las personas muertas tienen derechos?) han protestado indignados. A estos oponentes no les importa que España, un país eminentemente católico, posea uno de los sistemas de suministro de órganos más eficaz del mundo.

Y no he podido encontrar a nadie que sepa cómo cambiar este sistema de manera legal. ¿Quién lo hace? ¿El congreso expidiendo una ley? ¿La HHS emitiendo un edicto?¿Estado por estado o comunidad por comunidad, por medio de las elecciones locales? Tal vez es como me lo advirtió Robert Bazell, el principal corresponsal médico de NBC Nightly News, cuando me embarqué en este proyecto. "Larry, es como lanzar puños al aire."

Una de las personas que más podría ayudar a cambiar este sistema es el Senador Bill Frist (R-TN), ya que el mismo es un cirujano de transplantes y conoce de primera mano el horror de ver morir a alguien desesperado por obtener un órgano. Pero él es un político con aspiraciones presidenciales, y por lo tanto no quiere convertirse en una abanderado de los transplantes de órganos. Junto con el Senador Christopher Dodd (D-CT), preparó un proyecto de ley para investigar la viabilidad del Consentimiento Presumido. Pero este proyecto no tiene esperanzas de ser aprobado, lo que no está tan mal, ya que se trata de una legislación poco clara sin la cual estamos mejor. Se trata de un proyecto todo palabras y nada de acción.

Frist necesita que se le recuerde que seguir trabajando por este asunto no solo es lo que moralmente se debe hacer, sino que en última instancia le ganará cierta cantidad de votos. A pesar de lo que piense la gente, a los votantes les gustan los candidatos que toman posiciones de valor moral y que salvan vidas. Además, todas las personas que necesitan órganos tienen familiares y amigos.

Los activistas del SIDA han dicho esto antes. Es el comienzo de una nueva crisis y a nadie que tenga alguna posición de importancia parece importarle un comino. En los años por venir, el número de personas a la espera de nuevos órganos va a elevarse a los millones desde los cientos de miles que ya existen. Una vez más me veo a mi mismo vociferando sobre la gigantesca catástrofe que se avecina sin que nadie parezca escuchar mis palabras.

Me gustaría concluir con las palabras del Dr. John Fung quien salvó mi vida: "Los pacientes se están muriendo y el público todavía no entiende que decir que no a la donación de órganos significa que alguien va a morir. Nadie quiere hablar con la suficiente franqueza. Nadie quiere concientizar a los americanos para que sientan que su obligación es que al morir pasen su cuerpo a los vivos. Esta es una deficiencia sistemática de la cultura americana, la idea de que a usted solo le incumbe su propio bienestar, y que tiene pocas o ninguna obligación hacia la sociedad como un todo."

¡Dígale al Senador Bill Frist que América debe adoptar el sistema de Consentimiento Presumido para la donación de órganos! Envíele un email y dígale a todos los que conoce que le envíen un email o que lo llamen a su oficina: Bill_Frist@frist.senate.gov ó 202-224-3344.



  
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Este artículo era proporcionada por Project Inform. Es parte de la publicación Project Inform Perspective.
 
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