Enero de 2003
Se han observado síntomas de toxicidad por selenio en personas que toman suplementos de ese mineral. Esto generó advertencias que señalan que las dietas extrañas y los suplementos vitamínicos son las causas más comunes de toxicidad por selenio en Estados Unidos. Generalmente, la cantidad diaria recomendada (RDA) de selenio en EE.UU. es de 55 microgramos. El Instituto de Medicina ha propuesto que el consumo diario máximo de selenio antes de que se manifiesten los efectos secundarios tóxicos es de cerca de 400 microgramos en adultos.
Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Miami comparó el uso de suplementos de selenio (200 µg/día) con placebo en 259 personas portadoras del VIH (147 hombres, 112 mujeres). La información sobre recuentos de células CD4+, carga viral y otros parámetros se recopiló en la visita inicial del estudio, y de allí en adelante cada seis meses durante dos años. Aunque los investigadores concluyeron lo contrario, no estuvo claro que la suplementación con selenio haya disminuido el riesgo de hospitalización.
En un estudio relacionado, los investigadores examinaron los niveles sanguíneos de selenio en las 112 mujeres que recibían terapia contra el VIH, en busca de correlaciones entre los niveles de selenio y el riesgo de aparición de células cervicales precancerosas (displasia cervical). Aunque los niveles de selenio eran más bajos en mujeres que desarrollaron displasia cervical, la suplementación no tuvo ningún efecto sobre el riesgo de aparición de estas células precancerosas.
En otra presentación relacionada, los investigadores proporcionaron información sobre el efecto de la suplementación con selenio en los aumentos de los recuentos de células CD4+. Parece que en las personas que recibían los suplementos era más probable que aumentaran ligeramente los recuentos de células CD4+, pero los problemas con los informes de datos no aclaran qué otros factores podrían haber contribuido a estos aumentos. Los investigadores observan que el consumo de heroína aparentemente disminuye el estado general de nutrición y está asociado con niveles más bajos de selenio, pero no se ofreció ninguna información sobre la distribución de usuarios de heroína en el grupo que tomó suplementos comparado con el grupo de placebo.
En resumen, lo máximo que se puede concluir a partir de estos informes es que todavía no se sabe si la suplementación con selenio tiene efecto alguno, bien sea beneficioso o perjudicial. Los riesgos de desarrollar displasia cervical parecen ser ligeramente mayores en presencia de niveles más bajos de selenio, pero no parecería que la suplementación aminore estos riesgos. Es imprescindible efectuar investigaciones bien diseñadas para poder evaluar los posibles beneficios y riesgos de la suplementación con selenio.
El equipo canadiense evaluó seis suplementos distintos de vitamina A (beta-caroteno): cuatro productos en comprimidos y dos en cápsulas de gel suave con relleno líquido. Todos los productos analizados contenían menos beta-caroteno de lo que se indicaba en la etiqueta; uno de los productos contenía apenas una décima parte del beta-caroteno que anunciaba.
Todos los constituyentes de la vitamina A (retinal, retinol, retinato y beta-caroteno) así como todos los productos analizados demostraron tener un efecto inhibitorio entre moderado (45 al 65%) y fuerte (65 a 100%) sobre el sistema enzimático p450. Por lo tanto, estos productos tienen una alta probabilidad de interactuar con medicamentos contra el VIH. Hace falta extender los estudios de laboratorio a personas, para examinar el efecto de tomar suplementos de vitamina A (como el beta-caroteno) en combinación con medicamentos contra el VIH, a fin de comprender la magnitud y las consecuencias de estos hallazgos.
Las mujeres recibieron ya sea un multivitamínico o un placebo todos los días por seis semanas. El uso de multivitamínicos se asoció con recuentos ligeramente mayores de células CD4+ y CD8+, y ningún cambio general en los niveles de VIH en la sangre. Sin embargo, este uso también se asoció con aumentos en la replicación del VIH en la vagina, observándose niveles cerca de 1/2 log mayores de VIH en muestras vaginales entre las mujeres que recibían multivitamínicos.
Los investigadores especulan que el uso diario de multivitamínicos entre mujeres ofrece pocas probabilidades de protegerlas contra la infección por el VIH y podría aumentar las posibilidades de que transmitan el virus a otras personas.
Otro estudio encontró que las deficiencias de vitamina A en la sangre estuvieron asociadas a una mayor replicación del VIH en la vagina durante el embarazo, aumentos del virus en la leche materna, mayores índices de transmisión del virus de la madre al hijo, menores recuentos de células CD4+ y progresión más rápida de la enfermedad por VIH. Estas observaciones provienen de estudios efectuados en el Tercer Mundo, donde las deficiencias de vitamina A en la dieta son considerables y pronunciadas sin importar que la persona sea portadora del VIH o no. El mismo equipo que llevó a cabo el estudio de multivitamínicos antes mencionado evaluó el uso de la suplementación con vitamina A o placebo en 400 mujeres kenianas que no estaban embarazadas, y examinó una diversidad de parámetros virales y inmunológicos.
Las mujeres recibieron o bien vitamina A (10,000 UI administradas en forma de palmitato de retinilo) o placebo todos los días por seis semanas. La dosis de vitamina A utilizada es la que recomienda la Organización Mundial de la Salud para corregir deficiencias sintomáticas de vitamina A en mujeres en edad reproductiva. El estudio encontró que la suplementación con vitamina A no ejerció efecto alguno (positivo o negativo) sobre la replicación del VIH en la vagina, los niveles del virus en la sangre o los recuentos de células CD4+ o CD8+, en comparación con el placebo. Estas observaciones se aplicaron incluso a las mujeres que tenían deficiencias considerables de vitamina A al principio del estudio (cerca del 59% de las mujeres). Estos hallazgos sugieren que, aunque las deficiencias de vitamina A pueden estar asociadas a un empeoramiento de la transmisión del virus de la madre a su hijo y de la enfermedad por VIH en general, es improbable que la suplementación solucione estos problemas.
Las mujeres que participaron en estos estudios no recibían terapias contra el VIH; por esto, es posible que los resultados sean más pertinentes a ambientes en que no se dispone de terapias contra el VIH y/o a personas que optan por no usarlas en combinación con suplementos. Aún no se ha determinado si el aumento de la replicación del VIH en la vagina que se observa en mujeres que toman suplementos multivitamínicos podría controlarse con el uso simultáneo de terapias antivirales.
Los investigadores encontraron que, antes del inicio de una terapia contra el VIH, los niveles de vitamina E eran más bajos en las personas con VIH que en personas sanas no portadoras del virus. Contrariamente a lo comunicado en informes anteriores, las personas con VIH que tenían SIDA también tenían niveles de vitamina E ligeramente más altos (24 µmol/l) que las personas con VIH que no tenían SIDA (19 µmol/l). Después de seis semanas de terapia contra el VIH, los niveles de vitamina E se normalizaron entre las personas con VIH (28 µmol/l) en comparación con personas VIH negativas a quienes se midieron los niveles de vitamina E seis semanas después del comienzo del estudio (26 µmol/l).
También se evaluaron los niveles de vitamina A antes de iniciar las terapias contra el VIH y seis semanas después, y no se observó ninguna diferencia. Además, los niveles de vitamina A se encontraban dentro de los límites normales de salud, y eran aproximadamente equivalentes a los observados en personas VIH negativas, tanto antes de comenzar a usar la terapia contra el VIH como seis semanas después. Adicionalmente, no se detectó ninguna diferencia en los niveles de vitamina A entre personas sanas VIH positivas y personas con SIDA.
Este estudio sugiere que las personas que toman terapia contra el VIH probablemente no necesitan suplementación con vitamina E. Además, no se observaron deficiencias de vitamina A en presencia de infección por el VIH, independientemente de la etapa de la enfermedad. Todavía queda por establecer si la suplementación con vitamina E beneficiará a las personas que no toman terapias contra el VIH.
La asesoría nutricional y el ejercicio no tuvieron prácticamente ningún efecto sobre los niveles de lípidos, ni se observó casi ningún cambio en los niveles de colesterol HDL o LDL. Hubo pequeñas disminuciones en los niveles de triglicéridos, pero no alcanzaron los valores deseados que aparecen definidos en el Programa Nacional de Educación sobre el Colesterol. Aunque se trató sólo de un estudio pequeño, los investigadores proponen que los consejos sobre nutrición y ejercicio por sí solos no logran mejorar las anomalías en los lípidos observadas en personas que toman terapias contra el VIH.
Este estudio tuvo varias limitaciones que podrían dar lugar a conclusiones erróneas. Una de ellas es el tamaño relativamente pequeño del estudio; la otra es que no se llevó a cabo ninguna evaluación de la dieta (aunque las personas recibieron asesoría sobre nutrición y ejercicio, no se comprobó si de hecho siguieron las recomendaciones). A pesar de los resultados decepcionantes de este estudio, es probable que mejorar los hábitos y las rutinas de nutrición y ejercicios beneficie la salud general de una persona aunque aparentemente no ejerza ningún efecto en los perfiles de lípidos.
El estudio incluyó a 26 personas que tomaban medicamentos contra el VIH y estaban experimentando efectos secundarios en el sistema digestivo a consecuencia de la terapia. La mitad de estas personas recibió acupuntura específica para tratar los síntomas por tres semanas, y la otra mitad recibió acupuntura no específica durante el mismo intervalo. Al cabo de las tres semanas, los grupos cambiaron los modos de terapia con acupuntura.
Se presentaron resultados preliminares sobre el efecto de la acupuntura específica para los síntomas y no específica, en el tratamiento de las náuseas, el exceso de gas y la pérdida del apetito asociados con el uso de la terapia contra el VIH.
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Efecto secundario
| % de informe de síntomas después de tratamiento con acupuntura específica para síntomas |
% de informe de síntomas después de tratamiento con acupuntura no específica |
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Náuseas
| 25% | 37% |
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Exceso de gas
| 50% | 63% |
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Aumento del apetito (incluye sólo personas que informaron de falta de apetito al entrar en el estudio)
| 85% | 58% |
Estos resultados sugieren que la acupuntura específica para síntomas podría ser más eficaz que la no específica en el tratamiento de los efectos secundarios digestivos de las terapias contra el VIH. Es de notar que la adherencia a las terapias contra el VIH mejoró después del tratamiento específico para síntomas (80%) en comparación con el tratamiento no específico (68%). Los planes actuales consisten en ampliar el estudio piloto para ver si estos resultados se aplican a grupos de personas más largos y diversos.