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La Lucha por la Cura

Julio de 2001

Traducido y adaptado al español por Rossella Cordone y Luis D. Merino
Información en inglés (English version)


Antes de la llegada de los inhibidores de proteasa y las potentes combinaciones de tres medicamentos en 1996, era frecuente entre las personas con VIH y los activistas hablar de luchar por "la cura". Junto con el advenimiento de los nuevos medicamentos se desataban esperanzadoras conversaciones sobre la posibilidad de erradicar el VIH o de eliminarlo por completo del organismo. Conjuntamente, los nuevos medicamentos y la esperanza de la erradicación condujeron erróneamente a muchas personas a creer que la cura ya estaba disponible o que se encontraba a la vuelta de la esquina. El activismo en pos de La Cura prácticamente ha desaparecido.

Con el tiempo aprendimos más sobre los límites de las terapias disponibles en la actualidad, y cada nueva conferencia científica nos recordaba que la meta de la "erradicación" se encontraba todavía a varios años de distancia. Las estimaciones más optimistas de la actualidad sugieren que, en la mayoría de las personas, habría que esperar más de 60 años a partir del momento en que lograron suprimir casi totalmente el VIH para eliminar por completo la infección . . . una meta que pocas personas consideran alcanzable. Mientras tanto, las personas se fueron familiarizando con la compleja serie de efectos secundarios que ocultaban los nuevos medicamentos contra el VIH, desde cambios en la forma del cuerpo hasta enfermedades cardíacas.

El péndulo de expectativas para obtener una cura viró rápidamente desde un exceso de esperanzas a una exagerada desesperación, un ciclo que se ha repetido muchas veces en la historia de las investigaciones y el activismo del SIDA. Con tanta atención dedicada recientemente a los efectos secundarios de los medicamentos y al desarrollo de resistencia a los mismos, la palabra "cura" parece haber desaparecido de nuestro vocabulario.

¿Será posible que la ciencia llegue a "curar" la enfermedad del VIH algún día? Tal vez ello dependa de la definición de "cura". Si la única definición implica erradicar todo vestigio del VIH del organismo, la mayoría de los científicos dirían que es improbable que consigamos una cura en nuestra generación actual. Sencillamente no tenemos idea de cómo eliminar el VIH de nuestras células una vez que el material genético del virus se ha integrado al nuestro.

Una alternativa es encontrar la manera de destruir selectivamente todas las células infectadas con el VIH; desafortunadamente, los métodos empleados hasta la fecha han demostrado ser demasiado tóxicos como para tener utilidad clínica. Unos cuantos investigadores siguen tratando de lograr la erradicación con terapias agresivas de 4 y 5 medicamentos, y tal vez otros esperan que algún día surja un fármaco milagroso capaz de acabar sin peligro con cada célula infectada del cuerpo. Sin embargo, la mayoría de los científicos consideran estas metas poco más que ilusiones vanas. Varios sostienen desde los primeros días de la epidemia del VIH que, una vez que el virus se incorpora a nuestras células, nunca podremos librarnos de él por completo. Ésta viene a ser la dura realidad también para una diversidad de enfermedades virales.

A pesar de ello, sí existen esperanzas para conseguir una cura si modificamos su definición. Si definimos "cura" como un tratamiento o estrategia que permitirá a las personas portadoras del VIH pasar el resto de sus días viviendo normalmente, sin tener que tomar medicamentos todo el tiempo ni sentirse amenazados continuamente por el avance de la enfermedad, entonces sí puede que haya varias maneras de lograr esta meta. ¿Cómo sabemos que existe esta posibilidad? La respuesta es obvia: ya lo hemos observado en la Naturaleza.

Un pequeño porcentaje de las personas con VIH ha permanecido libre de enfermedad y síntomas durante más de dos décadas, sin necesidad de tratamiento ni sufrir la pérdida de su sistema inmunológico. Estas personas han recibido el apelativo de "no progresores a largo plazo" y representan cerca del 3% de todas los portadores del VIH. Aunque el 3% parezca un porcentaje bajo, podría constituir fácilmente hasta 20,000-30,000 personas en Estados Unidos solamente.

Al principio, los científicos pensaban que estas personas habían contraído una forma debilitada del virus. Pero no se ha comprobado que éste sea el caso, ni tampoco se ha encontrado en ningún estudio algún elemento personal común entre estos afectados (una dieta correcta, ejercicio, creencias, etc.). Hay indicios de que algunas de estas personas, pero no todas, tienen factores genéticos singulares.

Los científicos están llegando a la conclusión de que sus experiencias se deben a una respuesta inmunológica más fuerte y eficaz contra el VIH en sí. El hecho de que algunas personas tengan el virus y otras no sigue siendo un misterio, pero si éste es el mecanismo que vuelve al VIH prácticamente insignificante para su salud, nos da una importante pista sobre el rumbo que deberán tomar las futuras investigaciones sobre el SIDA. También pueden encontrarse pistas en los monos que, a pesar de estar infectados con el VIH, nunca terminan enfermándose.

La búsqueda de respuestas inmunológicas más fuertes y específicas contra el VIH es el objetivo de las investigaciones sobre interrupciones estructuradas del tratamiento (para más información, consulte las publicaciones WISE Words n.º7 y PI Perspective 31). También es la meta del renovado interés en la vacunación terapéutica, una técnica que consiste en usar vacunas como forma de tratamiento en personas ya infectadas.

La teoría sobre el uso de vacunas como terapia existe ya desde hace años, pero es sólo últimamente que estamos comenzando a ver vacunas lo suficientemente potentes como para producir los efectos deseados. Mejorar la respuesta inmunológica contra el VIH en sí es también la meta de muchas estrategias terapéuticas dirigidas al sistema inmunológico mismo. Desafortunadamente, este campo de investigación no recibe la misma cantidad de atención o subvenciones que el desarrollo de nuevos medicamentos contra el VIH.

Una de las estrategias terapéuticas para el futuro se fundamenta en los aspectos positivos de los tratamientos contra el VIH, pero además integra nuevos enfoques para complementarlos y continuarlos. Por ejemplo, un año de tratamiento antiviral fuerte podría ir seguido de un período sin tratamiento aunado al uso de una vacuna terapéutica, cuya eficacia podría ser máxima justo después de la reducción inicial del virus con la terapia. Pero la vacuna podría ofrecer la ventaja adicional de protección a largo plazo contra el virus, estimulando al sistema inmunológico en sí. En contraste, la acción de los antivirales cesa rápidamente una vez que dejan de tomarse los medicamentos.

Tal vez la respuesta inmunológica estimulada por una vacuna potente podría hasta amplificarse con un medicamento como la interleucina-2, la cual hace que la mayoría de los tipos de células CD4+ se multipliquen activamente y además parece prolongar la vida de las mismas. Si este efecto se produce cuando los niveles virales son extremadamente bajos y se estimula la respuesta inmunológica contra el VIH, tal vez sea posible inducir un estado similar al que se observa en los no progresores a largo plazo.

Éste es sólo una de las posibilidades para las investigaciones venideras. Pero hay un número cada vez mayor de personas que opinan que hemos logrado todo lo que podemos con los tratamientos contra el VIH, y que la próxima generación de investigaciones debe buscar la manera de aprovechar el potencial del sistema inmunológico. De hecho, el tratamiento implicará entrenar al sistema inmunológico para que aumente su capacidad de luchar contra el VIH como ya sabemos que puede hacerlo. Esto podría traer como resultado períodos de duración indefinida sin necesidad de terapias contra el VIH, y por ende sin efectos secundarios (reforzando quizás estos intervalos con vacunaciones periódicas): de esta forma, podría conseguirse una definición razonable de "la cura."

¿Cuánto tiempo habrá que esperar para esto? Sin pasar de ser conjeturas, tal vez transcurrirán de 5 a 10 años hasta que sepamos si esta estrategia nos está encaminando en la dirección correcta. Es posible que uno u otro de sus elementos (interrupción del tratamiento, vacunación terapéutica o terapia inmunológica directa) produzcan buenos resultados, o bien que fracasen ya sea individualmente o en su totalidad.

Es imposible predecir el futuro, y siempre estaremos rodeados de incertidumbre. Pero la teoría general de modelar nuestra búsqueda para lograr una cura funcional basada en el ejemplo del control natural de la infección por VIH es casi seguro un objetivo sensato que parece tener muchas mayores probabilidades de éxito que someternos a una serie interminable de medicamentos antivirales ligeramente mejores que sus generaciones anteriores.

Aunque no se vislumbra claramente una cura para el VIH en este momento, tenemos que seguir esforzándonos por lograrla y tener presente que, en último término, se trata de nuestra meta más importante. Y no debemos olvidar que las esperanzas y una actitud optimista, junto con un activismo bien orientado, desempeñarán un papel decisivo en su consecución.



  
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Este artículo era proporcionada por Project Inform. Es parte de la publicación WISE Words.
 
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