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La Hepatitis C y el VIH

Agosto de 2003

Información en inglés (English version)


Los problemas en el hígado son comunes en las personas con VIH, y pueden ser causados por los efectos de los medicamentos o por otras afecciones (como una hepatitis). Hepatitis es un término médico que quiere decir inflamación o hinchazón del hígado. Un virus que ataca al hígado es el causante de la hepatitis. Existen más de cinco tipos de virus de la hepatitis (de la A la E y la G) que pueden ser transmitidos a través del contacto sexual, los alimentos contaminados, la sangre y/o otros fluidos corporales.

La mayoría de las enfermedades del hígado en las personas con VIH son causadas por un tipo de virus, especialmente el de la hepatitis B (VHB) y el de la hepatitis C (VHC). Otros problemas comúnmente relacionados con el VIH pueden afectar al hígado incluyendo el citomegalovirus (CMV), el virus Epstein-Barr (VEB), el complejo Mycobacterium avium (MAC), la toxoplasmosis y la histoplasmosis. Además, muchos de los medicamentos utilizados para tratar el VIH causan problemas hepáticos como efecto secundario.

La hepatitis C constituye una gran preocupación para las mujeres con VIH. Este número de Wise Words se enfoca en el virus de la hepatitis C (VHC) y ofrece información sobre el diagnóstico, el tratamiento y la enfermedad del VHC. Para más información acerca de las formas comunes de hepatitis viral, llame a nuestra línea de ayuda al 1-800-822-7422.


Enfoque Sobre el VHC

La Hepatitis C y el VIH

El VHC se transmite por medio de punciones con agujas o por compartir las agujas, transfusiones de sangre, transplantes de órganos y por la interacción que tienen la madre y el bebé durante el parto. También puede trans-mitirse por contacto sexual. Algunas de las maneras de prevenir el contagio con el VHC son practicar sexo seguro y asegurarse de que las agujas sean esterilizadas antes de usarlas. Esto incluye a las agujas para acupuntura, tatuajes y perforaciones corporales (piercing). Aún no existe una vacuna contra el VHC.

Los síntomas de la infección del VHC pueden presentarse entre 2 y 8 semanas después de la infección. Sin embargo, la mayoría de las personas infectadas con el VHC pueden experimentar pocos o ningún síntoma. Cuando los síntomas se presentan, pueden parecerse a los de la gripe común (tales como fiebre, fatiga, dolor en músculos y articulaciones, náuseas y vómito), orina de color oscuro, pérdida de apetito, dolor de estómago, diarrea y náuseas.

En un pequeño porcentaje de los casos (15%), la infección del VHC desaparece de manera espontánea. Pero en la mayoría de los casos esta infección se vuelve crónica (dura 6 meses o más) y lentamente va deteriorando el hígado. Con el tiempo, el deterioro en el hígado puede acarrear serias consecuencias, tales como la cicatrización del tejido hepático (cirrosis) y el cáncer de hígado.

Cuando el hígado se deteriora trata de repararse a sí mismo formando pequeñas cicatrices por medio de un proceso denominado fibrosis. Una mayor cantidad de fibrosis pueden indicar un mayor avance y gravedad de la enfermedad.

A medida que las células hepáticas se deterioran o mueren, liberan en la sangre grandes cantidades de ciertas enzimas. Dos enzimas importantes son las ALT (alanina aminotransferasas) y las AST (aspartato aminotransferasas). Los niveles altos de estas enzimas pueden indicar un daño hepático. Con frecuencia, para cuando se diagnostica la hepatitis C ya el hígado se encuentra deteriorado. El VHC, al igual que el VIH, es muy difícil de tratar debido a que puede mutar rápidamente y escapar de la respuesta inmunológica natural.

Los síntomas de la infección crónica por el VHC pueden ser muy leves o inexistentes, además de muy poco frecuentes. Estos pueden incluir dolor en las articulaciones, fatiga, náuseas y pérdida de apetito. Los síntomas de una insuficiencia hepática en la última etapa pueden incluir fatiga, debilidad muscular, náuseas, pérdida de peso, orina de color oscuro, retención de líquidos y pérdida de apetito. Además, puede agrandarse el hígado o el bazo, lo que a su vez puede provocar color amarillento en la piel y los ojos (ictericia), desgaste muscular, hinchazón de los tobillos y acumulación de líquido en el área del estómago, llamada ascitis.

Existen varios tipos de VHC, llamados genotipos. El genotipo más común en los Estados Unidos es el genotipo 1. El genotipo 1 responde menos bien al tratamiento y la persona puede necesitar ser tratada durante más tiempo.

Inicialmente, se utilizan las pruebas de anticuerpos para diagnosticar el VHC. Estas pruebas detectan la presencia de anticuerpos (la respuesta inmunológica al virus) específicos al VHC. Existen dos clases de pruebas: ELISA o EIA (sigla en inglés para ensayo inmunosorbente ligado a enzimas) y RIBA (sigla en inglés para ensayo recombinante por inmunoblot).

Por lo general el EIA se hace primero. El RIBA de suele hacer para confirmar la presencia de anticuerpos del VHC. Las pruebas de anticuerpos no dicen si la infección es aguda (nueva), crónica (a largo plazo) o si ha desaparecido por completo. Si una prueba de ELISA es positiva, esto quiere decir que usted ha estado expuesta al VHC, pero no informa si su organismo ha eliminado la infección o si se ha establecido como una infección crónica.

La prueba de carga viral del VHC mide directamente la cantidad de este virus presente en la sangre y se usa principalmente para determinar si el tratamiento está funcionando. A diferencia de las pruebas de carga viral para el VIH, las del VHC no sirven para predecir la severidad o los riesgos de avance de la enfermedad. Así pues, las pruebas de carga viral del VHC no se utilizan para determinar cuándo iniciar el tratamiento. En la mayoría de las personas con VHC que no reciben tratamiento, la carga viral puede fluctuar entre 100.000 y 10'000.000 de copias por milímetro de sangre (una cucharadita de sangre). Una carga viral alta se considera cualquiera que sea superior a los 2 millones de copias/ml.

A veces pueden presentarse resultados negativos de la prueba del VHC en personas con VIH que de hecho tienen el VHC, debido a que su sistema inmunológico no produce los anticuerpos suficientes.

Algunos estudios han sugerido que las personas que tienen tanto el VIH como el VHC, poseen niveles más altos del VHC, y pueden progresar más rápidamente que las personas que solamente tienen VHC hacia los daños hepáticos causados por este virus, tales como cáncer del hígado. Por otro lado, existen reportes contradictorios acerca de si el VHC tiene algún impacto en los niveles del VIH o en el progreso de la enfermedad, aunque un estudio a gran escala encontró que las personas que tenían tanto el VIH como el VHC que comenzaron la terapia contra el VIH, tenían un aumento mucho menor en los recuentos de células CD4+ que las personas solamente infectadas con el VIH.

Las páginas siguientes ofrecen información y herramientas para considerar si el tratamiento es apropiado para usted, los factores que deberá tener en cuenta al tomar una decisión, y los riesgos y beneficios de tomar o no un tratamiento.


Un poco sobre el hígado …

El hígado es el órgano más grande en el organismo y uno de los más importantes. Está localizado detrás de las costillas inferiores. El hígado es como la "planta de procesamiento y distribución" del organismo, llevando a cabo varias funciones importantes que mantienen el equilibrio de las sustancias químicas del cuerpo y eliminan las toxinas.
La Hepatitis C y el VIH

¿Entonces por qué es tan importante el hígado?

  • Descompone y remueve las sustancias dañinas del organismo, tales como el alcohol o las sustancias químicas venenosas

  • Produce el colesterol

  • Produce sustancias químicas que ayudan a que la sangre se coagule

  • Produce la bilis, la cual ayuda en la digestión

  • Fabrica nuevas proteínas (para el crecimiento del cuerpo y el bienestar general)

  • Controla el volumen de la sangre

  • Almacena reservas de hierro, vitaminas, azúcares, grasas y otros minerales de los alimentos que consumimos para que estén disponibles a nuestro organismo en el momento en que se necesiten

  • Es la principal fuente de calor corporal




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