Abril de 2002
La demencia es un problema del cerebro que afecta la capacidad de una persona de pensar claramente y que puede también afectar sus actividades diarias. El complejo de demencia del SIDA (ADC por sus siglas en inglés)que es la demencia causada por la infección del VIHes un síndrome complicado compuesto por varios síntomas mentales y del sistema nervioso. Estos síntomas son relativamente comunes en las personas con la enfermedad del VIH.
La frecuencia del ADC aumenta con el avance de la enfermedad del VIH y a medida que disminuyen los recuentos de células CD4+. No es muy común en las personas en las etapas iniciales de la enfermedad sino en aquellos con sistemas inmunológicos severamente comprometidos y con síntomas de la enfermedad avanzada. EL ADC severo se presenta exclusivamente en personas con enfermedad del VIH avanzada.
El ADC consiste en una serie de problemas que pueden variar en grado y empeorar progresivamente. Estos problemas pueden confundirse fácilmente con otros síntomas de trastornos comunes asociados con el VIH, tales como depresión, efectos secundarios de los medicamentos o infecciones oportunistas que afectan al cerebro como toxoplasmosis o linfoma. Los síntomas del ADC que se suelen experimentar incluyen: poca capacidad de concentración, olvidar cosas con frecuencia, pérdida de memoria reciente o lejana, aislamiento social, lentitud de pensamiento, gama limitada de atención, irritabilidad, apatía (falta de preocupación o de cuidado de uno mismo o de los demás), debilidad, mala coordinación, deterioro de las facultades mentales, problemas de visión y cambios en la personalidad.
Puesto que el ADC varía tanto de persona a persona, no se ha logrado entender muy bien, y ha sido reportado y descrito de muchas maneras contradictorias entre sí. Esta publicación dará un poco de claridad sobre estos asuntos, así como sobre los tratamientos disponibles para el ADC.
En el ADC el deterioro de la cognición a menudo es caracterizado por pérdida de memoria, problemas del habla, incapacidad de concentración y disminución en la capacidad de juicio. Los problemas cognitivos con frecuencia son los primeros síntomas que notará una persona con ADC. Estos incluyen la necesidad de elaborar listas para poder recordar tareas rutinarias o olvidar, en medio de una frase, sobre lo que se estaba hablando.
Los cambios de comportamiento en el ADC son menos entendidos y definidos. Podrían describirse como el deterioro en la capacidad de llevar a cabo tareas comunes y actividades de la vida diaria. Estos cambios se presentan en un 30 a 40 por ciento de las personas con ADC inicial.
El deterioro en los movimientos a menudo se caracteriza por una pérdida del control de la vejiga; pérdida de sensación y de control en las piernas; y movimientos tiesos, torpes u obviamente lentos. El deterioro motor no es común en las etapas iniciales del ADC. Los primeros síntomas pueden incluir cambios en la escritura.
El deterioro en el estado de ánimo se define como un cambio en las respuestas emocionales. En el ADC, este deterioro está asociado con otros problemas como depresión, cambios severos en la personalidad (psicosis) y menos común, excitabilidad intensa (manía).
Algunas veces los síntomas del ADC pueden pasar desapercibidos o no ser tenidos en cuenta por algunas de las personas que cuidan a los pacientes, bajo la creencia de que se trata de los síntomas debidos al avance de la enfermedad del VIH. De hecho, las personas en etapas avanzadas de la enfermedad no presentan síntomas de ADC sino que poseen facultades mentales aceptablemente normales a no ser que tengan otros problemas neurológicos. Al final del espectro, el ADC debe ser distinguido cuidadosamente de la depresión severacomún entre las personas con VIH que puede presentar síntomas similares a los del ADC.
El ADC ocurre con mayor frecuencia en los niños con VIH que en los adultos. Se presenta de manera similar y a menudo es más severo y progresivo.
El estudio británico encontró que sólo el 2% de las personas con SIDA que tomaban AZT (zidovudina, Retrovir) desarrolló ADC entre 1982 y 1988, en comparación a un 20% entre los que no tomaban AZT. La incidencia del ADC bajó del 53% en 1987 (antes de la llegada del AZT) a un 3% en 1988 (después de la llegada del AZT).
En los principios de la epidemia, muchos nuevos casos de SIDA se atribuyeron al ADC. Estas personas recién diagnosticadas a menudo tenían ADC pero ningún otro trastorno que se pudiera asociar al SIDA. Muchos médicos reportan que ya no se están encontrando con personas que tengan ADC solamente. Cada vez más se ha convertido en una enfermedad de la etapa tardía del SIDA, cuando las personas suelen sufrir múltiples infecciones.
La principal forma de detectar y evaluar el ADC es a través de la prueba sobre el estado mental. Este examen está diseñado para revelar problemas como la perdida de memoria a largo o a corto plazo, los problemas de orientación, concentración y pensamiento abstracto. así como los cambios en el estado de ánimo. También se usan las imágenes del cerebro por medio de escanes (como una radiografía). Ciertas pruebas de laboratorio también pueden ser útiles como las que examinan el líquido cefalorraquídeo, obtenido a través de una punción lumbar (CSF por su sigla en inglés).
Los escanes CT y MRI se usan rutinariamente en la detección del ADC. El escán CT (Tomografía Computarizada) se hace por medio de rayos X que utilizan un rayo especial para producir imágenes detalladas de órganos y estructuras dentro del organismo. En las personas con ADC estos escanes suelen mostrar señales de destrucción del tejido cerebral. Las MRI (Imágenes por Resonancia Magnética) son un tipo de escán sensible del cerebro que se utiliza cuando los hallazgos de la CT no son concluyentes. Los resultados de estas dos pruebas son útiles para descartar otras causas de los síntomas.
Las pruebas de CSF pueden ayudar a determinar si alguien tiene ADC, pero los resultados no suelen ser concluyentes. En gran parte, estas pruebas son utilizadas para descartar otras causas de los síntomas del ADC, y es por esto que son importantes. Muchas personas con ADC tienen altos niveles de ciertas proteínas o glóbulos blancos en su CSF. Sin embargo, no necesariamente todo el que tenga estos niveles tiene ADC. Además, las personas con ADC avanzado por lo general tienen niveles más altos de VIH en su CSF, aunque algunas personas que no presentan síntomas de trastornos cerebrales a veces tienen niveles altos de VIH en su CSF.
En términos generales, para crear un régimen contra el VIH con el objetivo adicional de tratar el ADC se siguen tres principios básicos:
Se cree que con base en los hallazgos de que el AZT en dosis altas (de 1,000 a 1,200mg/día) puede cruzar la barrera sangre/cerebro y tratar eficazmente al ADCcualquier medicamento contra el VIH que logre cruzar la barrera sangre/ cerebro puede ayudar a prevenir o tratar el ADC. Hasta la fecha, el AZT, es el tratamiento disponible mejor entendido para el ADC. Varios grupos han reportado mejorías en las funciones cognitivas con el AZT así como prevención de la infección del VIH en el cerebro. Las dosis más altas (1,000mg en comparación a la dosis ahora estándar de 600mg por día) de AZT parecen ser necesarias para el tratamiento del ADC. Sin embargo, las dosis altas de AZT pueden presentar problemas puesto que muchas personas con VIH, particularmente aquellos que están más enfermos, a menudo son incapaces de tolerar sus efectos secundarios.
Aunque el AZT sea el medicamento más investigado para el tratamiento del ADC, otros medicamentos contra el VIH que cruzan la barrera sangre/cerebro podrían ser igualmente útiles. Entre estos están el AZT, el d4T, el abacavir, la nevirapina, el amprenavir y en menor grado el indinavir y el 3TC. El efavirenz no ha demostrado cruzar esta barrera en un grado significativo, pero algunos expertos especulan que puede ser útil para el tratamiento del ADC.
Las terapias contra el VIH son mejores cuando se utilizan en combinaciones. También puede ser importante tener en cuenta la capacidad de un medicamento para cruzar la barrera sangre/cerebro al diseñar un régimen que sea eficaz. Para información sobre le desarrollo de estrategias a largo plazo y diseño de terapias potentes contra el VIH, llame a la línea de ayuda (Hotline) de Project Inform.
En caso de trastornos severos del comportamiento, los antipsicóticos como el thorazine y el mellaril pueden usarse para controlar la agitación. El lorazepam (Ativan) y el diazepam (Valium) también pueden usarse para sedación y control de la ansiedad. Otros medicamentos incluyen perphenazine (Trilafon), thiothixene (Navane), molindole (Moban) y fluoxetine (Prozac) con bupropion (Wellbutrin).
Muchas de las terapias mencionadas aquí pueden tener interacciones potenciales con otros medicamentos comúnmente utilizados para tratar el VIH o para tratar y prevenir otras condiciones asociadas con el VIH. Para más información sobre la interacción entre los medicamentos, llame a la línea de ayuda de Project Inform.
Este material ha sido producido como resultado de una colaboración entre Project Inform y Gay Men's Health Crisis. Para más información sobre Project Inform, llame a la línea de ayuda al 1-800-822-7422. Para más información sobre Gay Men's Health Crisis en Nueva York llame al 212-367-1451. Agradecimientos especiales al Dr. Richard Price de los Servicios de Neurología del Hospital General de San Francisco de la Universidad de California, y al Dr. Justin Mc Arthur, Profesor de Neurología y Epidemiología de la Universidad John Hopkin en Baltimore por su apoyo editorial.
Traducido y adaptado al español por Luis D. Merino