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Envejecer con VIH

August 31, 2007

Hank Behar es voluntario de AI DS Project Los Angeles. El no tiene VIH. Utilizamos su imagen como modelo para ilustrar las diferentes etapas de la vida. Las fotografías en la siguiente páginas son de Hank, cuando tenía cuatro años, 20 años y en sus cincuenta. La fotografía de esta página es del 2007. Foro por Omar Baños.
Hank Behar es voluntario de AI DS Project Los Angeles. El no tiene VIH. Utilizamos su imagen como modelo para ilustrar las diferentes etapas de la vida. Las fotografías en la siguiente páginas son de Hank, cuando tenía cuatro años, 20 años y en sus cincuenta. La fotografía de esta página es del 2007. Foro por Omar Baños.
Tú eres un hombre gay que se está acercando al la intersección, en la cual el VIH se cruza con la mitad de la vida (llamémosle los 50) . En est a intersección no verás ninguna señal de caminos, como los conocidos "c eda el pa so", "pare", o "doble a la derecha".

Imagínate que tu salud (tú) está viajando en una calle en bajada llamada VIH y tu edad es la numeración. Algunas veces, viajas muy rápido, hasta descuidadamente, cuando estás, posiblemente, bajo la influencia de una medicación o de una droga. Otras veces, viajas lenta y cuidadosamente, pero a menudo tensionado, inseguro, preocupado y distraído.

En la calle del VIH vas distraído por los efectos secundarios de los medicamentos y sus efectos en tu funcionamiento diario. Tus preocupaciones oscilan entre los problemas digestivos, erupciones en la piel, fatiga, el saber si los medicamentos son realmente efectivos. Tu estás tan preocupado, te sientes fatigado o te irritas con mucha facilidad, que pierdes la concentración fácilmente o aún el interés en las cosas que están a tu alrededor, inclusive tus relaciones.

Hank Behar
Y, que tal si encima hay que enfrentarse con la hepatitis C. Esto agrega más fatiga, mayor incertidumbre, y muy posiblemente un tratamiento físico y mental a los trotes, con resultados poco exitosos. Así que el estrés se intensifica, la ansiedad o la depresión aumentan y, habitualmente, te sientes cansado, aislado, como si estuvieras viajando solo. Algunas veces te enojas contigo mismo o con alguien que está cerca de ti -- el camino del cólera -- otras veces simplemente necesitas hacerte a un lado en la ruta y llorar y esperar hasta que el dolor y el miedo cedan. Y, justo cuando estabas casi compuesto y decidido a continuar por el camino, "pum", llegamos a la altura 50 (años), esa intersección pavorosa de la calle VIH al 50.

¿Pero cómo fue el viaje hasta que llegaste a los 50? Pudo haber sido divertido y rápido, con algún o muchos accidentes, pero nada como para haber frenado tu viaje acarreando tu juventud e intrepidez, ambos guiándote por el camino para pasar por los 20, los 30, los 35, hasta los 40 y 45. Y justo ahí es cuando comienzan a pasar las cosas. El camino se torna escabroso, aparecen baches, las señales no son tan claras como las anteriores, comienzas a tener problemas, tal cual les pasa a los autos viejos. Vas más lento, no te sientes muy seguro, o no sabes con certeza a donde vas o cómo llegar. Tienes que parar más a menudo, para descansar, o relajarte, volver a concentrarte, o incluso para orinar. Comienzas a perder pasajeros por el camino, amigos, familiares y seres queridos. Estas fueron relaciones excitantes, comprometidas, algunas veces frustrantes y dolorosas que formaron parte de tu trayectoria por el camino de la vida, pero no estabas solo. Ahora, que ya no están, sientes la soledad, algunas veces pareciera que todos tienen a alguna persona para pasear por el camino, excepto tú. El viajar solo hasta los 50, se puede tornar algo aterrador. Algunas veces te sientes perdido, y sin dirección y otras te sientes invisible.

Durante el camino del VIH, tenemos estrés y preocupaciones. Algunas veces ansiedad y depresión y tal vez tengamos que tomar algunos pocos o muchos medicamentos para aliviarnos de esas molestias. Tal vez, tengas que lidiar con cuestiones de salud cada vez más graves e incertidumbre respecto a tu futuro, lo cual causa mayor temor y distracción, y hacen que esos medicamentos luzcan mejores ... con sólo un poco ... un par de copas ... un poquito de alcohol. A los 50, también comienzas a preocuparte por la vejez, el futuro, por lo que hiciste en el pasado, y por lo que harás más adelante. ¿Quién te querrá, con arrugas y rollos que cuelgan y oscilan de un lado a otro? Más preocupado, mayor ansiedad, a lo mejor otro trago o dos, y justo cuando te estabas mirando en el espejo retrovisor , "pum", te llevas por delante con tu VIH y los 50.

Esto ocurre. La edad es un hecho, las limitaciones y perdidas asociadas al envejecimiento y el impacto psicológico son reales, y a menudo se amplifica e intensifica con el VIH, la hepatitis C y otros problemas de salud relacionados. En cierto momento, la mayoría de nosotros, por no decir todos, nos hallamos en algún tipo de incidente cuando llegamos a la intersección del VIH con los 50 ó los 55 ó los 60. Los incidentes oscilan desde un deslice de costado en el camino, una frenada hasta un choque con la cabeza. No importa cual sea, el incidente, salimos de el temblando un poquito, otras veces heridos, descorazonados y con miedo para continuar nuestro viaje.

Entonces, ¿cómo hacemos para que estos incidentes, estas circunstancias no nos frene nuestro crecimiento, nuestro enriquecimiento en la vida y no nos separe de nuestro comodidad, seguridad, felicidad, amor, buen sexo y risas? ¿Cómo hacemos para que después de la colisión, nuestras habilidades como conductor sean mejores, estemos más concientizados con nosotros mismos, y para que apreciemos la vida mejor?

La psicoterapia puede ayudar, tanto de manera individual o grupal. El hablar con un profesional de la salud mental pude ayudar a traer una perspectiva a tu vida y tus circunstancias. El ver que a pesar que muchas cosas se pierden y disminuyen con la edad, pero que también crecen, se enriquecen y maduran, ayuda: cualidades como la comprensión, la sabiduría, la espiritualidad, la perspectiva, el entendimiento de nuestro propia persona y de otros. Con la madurez se puede desarrollar la capacidad de un mayor compromiso e intimidad en una relación, con expectativas realistas de ambas partes. También puede ayudarnos a entender las limitaciones, que podrían haber aumentado por vivir con el VIH, con compasión y paciencia para con nosotros mismos y aumentar tu entendimiento y sensibilidad para con tus propias necesidades y preocupaciones, así como también para aquellos que amas.

No me mal entiendas, el ponerse viejo y tener VIH, es jodido, pero son dos cosas que no podemos cambiar ... a pesar de las promesas de los cirujanos plásticos y compañías de cosméticos. Pero, lo que podemos cambiar y tener control es sobre cómo respondemos y acomodamos estas circunstancias, cómo podemos afligirnos por la pérdida de la edad y la salud y a su vez darle la bienvenida a las ganancias de una experiencia de vida con más enriquecimiento y más sabiduría.

Richard Levin, M.F.T., especialista en salud mental, AIDS Project Los Angeles. Traducción por Mónica Leibovich-Adrabi.


  
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Este artículo era proporcionada por AIDS Project Los Angeles. Es parte de la publicación Impacto.
 
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