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Problemas Metabólicos en la Tercera Edad

Por Mónica Leibovich-Adrabi, M.D.

Verano/Otoño de 2007

Problemas Metabólicos en la Tercera Edad
A partir de nuestro nacimiento, nuestros cuerpos y mentes evolucionan y se modif ican con el correr de los años. Comenzamos a ver cambios normales de la etapa del envejecimiento y, tal vez, otros que son el resultado o el despertar de alguna condición. El envejecimiento, tal como dice el dicho, nos hace más sabios, pero a la vez más vulnerables y nos expone a mayores riesgos.

En las personas que viven con el VIH, dicha vulnerabilidad es afectada por otras situaciones: la propia infección del virus, su tratamiento y otros medicamentos utilizados para prevenir en algunos casos otras infecciones agregadas. Esto genera un cuadro un poco más complejo para manejar y tratar. Además, todos venimos con nuestro propio cargamento de antecedentes familiares y genéticos que comienzan, a veces, a mostrarse recién en adultos de la tercera edad. El uso del tratamiento anti-VIH ha mejorado notablemente la calidad de vida y la longevidad de las personas. Dicho aumento de la expectativa de vida es la que nos enfrenta a situaciones no esperadas hace unos pocos años atrás. Una de ellas es la calidad de vida durante la "tercera edad" y los problemas metabólicos y cambios que vienen con ella:

La presión arterial: El aumento de la presión arterial es una condición bastante común. El endurecimiento de las arterias es la principal causa. El consumo elevado de sal y el sobrepeso tampoco ayudan. No se sabe aún si el VIH afecta directamente, pero si se sabe que algunos medicamentos antirretrovirales pueden aumentar los lípidos en la sangre y conducir al desarrollo de hipertensión (presión arterial diastólica elevada). Existe tratamiento disponible. La falta de tratamiento puede conducir a ataques al corazón e infartos. Para las personas con VIH se deben evitar los llamados bloqueadores de los canales de calcio cuando se toman los inhibidores de la proteasa.

El corazón: El corazón sufre con el envejecimiento, especialmente por el efecto a largo plazo de nuestro estilo de vida (sedentarismo, alimentación no apropiada, fumar tabaco, etc.), y factores genéticos. Todo esto conduce casi inevitablemente a ataques al corazón. En estos últimos tiempos se ha sugerido que el propio VIH podría tener un efecto en el desarrollo o progresión de enfermedad cardiovascular. Por otro lado, también se responsabilizó al tratamiento TARSA, con los hallazgos de aumentos de los lípidos y triglicéridos de algunos antirretrovirales. Y, aunque se demostró cierto aumento de la frecuencia de enfermedad cardiovascular, el riesgo de enfermedades del corazón es mayor si no se trata al VIH adecuadamente con los medicamentos antirretrovirales.

Los lípidos (las grasas de la sangre): También existe una tendencia a que los lípidos aumenten con el correr del tiempo. Especialmente el colesterol LDL (conocido como el colesterol "malo"). El colesterol "bueno" o HDL no se modifica tanto, aunque siempre es bueno tener mucho. Los triglicéridos (otro tipo de grasas), no están directamente ligados a problemas del corazón, aunque por supuesto siempre es bueno tener los niveles adecuados, pero también tienden a subir en edades mayores. El estilo de vida (dietas no saludables, falta de ejercitación física, etc.) tienen el mayor de los impactos en personas genéticamente más vulnerables.

En las personas con VIH, especialmente en etapas avanzadas de SIDA, el colesterol malo y el bueno tienden a bajar, cosa que tampoco favorece al corazón. El tratamiento antirretroviral restaura sus niveles, aunque muchas veces el "malo" sube demasiado. Existe tratamiento para tratar al colesterol y a los triglicéridos elevados (estatinas y fibratos, respectivamente), tanto en las personas VIH positivas o negativas. Consultar con el médico dado que algunos de estos medicamentos pueden interactuar con los antirretrovirales.

La glucosa (azúcar de la sangre): La glucosa también puede aumentar con la edad, predispuestas también por los mismos factores que aumentan al colesterol. El aumento elevado constante de la glucosa se denomina diabetes. Cuando la diabetes se combina con hipertensión, obesidad, triglicéridos elevados y colesterol bueno disminuido se los denomina "síndrome metabólico"; cuadro difícil y complejo de manejar en las personas mayores. Hasta ahora, no se ha encontrado que el VIH afecte directamente la glucosa, aunque algunos inhibidores de la proteasa que se utilizan para el tratamiento del VIH aumentan sus niveles. Parece que la función de la insulina (hormona que lleva la glucosa de la sangre a las células) se torna menos eficaz. En algunas ocasiones es necesario cambiar el tratamiento del VIH para mejorar esta resistencia a la insulina. Otras medidas siempre efectivas son cambios en el estilo de vida (ejercitación física, dietas para diabéticos, reducción del peso corporal) y también hay medicamentos para el manejo de la diabetes.

Los huesos: La pérdida de la masa ósea, osteopenia, y su forma más severa, la osteoporosis, también aparecen con el envejecimiento. Especialmente en las mujeres en la edad de la menopausia (cese completo del ciclo menstrual) y en hombres, aunque menos común, en edades más avanzadas. Parece que el VIH, según algunos reportes, podría acelerar el proceso. Las tabletas de calcio y dietas ricas en calcio podrían ayudar y se las recomienda (aunque siempre es mejor comenzar con dietas ricas en calcio desde nuestra infancia). Para la osteoporosis, el tratamiento es más complejo. Tiene efectos secundarios bastante severos.

Los riñones: habitualmente, se las arreglan bien a cualquier edad. El deterioro de su funcionamiento es más común que ocurra por complicaciones de otras enfermedades concomitantes (infecciones urinarias no tratadas, diabetes, presión arterial elevada, etc.). La infección con VIH puede causar una enfermedad renal conocida como neuropatía asociada al VIH. Por suerte su frecuencia no es tan común. La gente de raza negra es más afectada. El tratamiento del VIH es en realidad el recomendado ante esta patología. El único medicamento antirretroviral que se ha asociado a algún tipo de alteración mínima de la función renal es tenofovir. Se recomienda evitarlo en personas que sufren algún tipo de deterioro de los riñones.

Grasa corporal: Los cambios en el peso (tendencia a ganar peso) es algo habitual a medida que envejecemos, así como también perdemos masa muscular. Hay cierta acumulación de grasa en el área abdominal, no sólo debajo de la piel, sino alrededor de los órganos.

En la infección por VIH, particularmente en el síndrome de desgaste, se nota la pérdida masiva de masa muscular y grasa subcutánea. Por suerte, gracias a los medicamentos antirretrovirales esto se ve con menos frecuencia. Sin embargo, algunos medicamentos anti-VIH, en particular los nucleósidos, pueden causar lipoatrofia (pérdida de grasa en ciertas partes del cuerpo) y los inhibidores de la proteasa pueden causar aumento de la grasa en el abdomen.

En los países desarrollados han sido reemplazados por nuevas generaciones de medicamentos de la misma familia los cuales son menos agresivos. Lamentablemente, no ha ocurrido en los países en desarrollo. Algunos han conseguido la patente de los que ya casi no se usan, para fabricarlos de manera genérica, lo cual ha bajado su costo de venta, no el costo humano que sufre los efectos secundarios de los mismos. Existen tratamientos dermatológicos y plásticas para mejorar la lipoatrofia facial (falta de grasa debajo de la piel de la cara).

El sistema inmunológico: El timo (glándula ubicado en la parte anterior del cuello) es el que se encarga de producir las CD4 entre otras células. A medida que envejecemos, el timo se atrofia (disminuye su tamaño y su funcionamiento). El VIH ataca a las CD4. Por ende el número de células disminuye mucho más rápido en las personas VIH positivas, dejándolas sin suficientes mecanismos de defensa en contra de las infecciones en general. El tratamiento antirretroviral ayuda a frenar la replicación viral. En consecuencia, menos CD4 se dañan prematuramente, y esto a su vez da tiempo al timo a producir células CD4. El problema es que en adultos mayores, quizás no puedan recuperar un número suficiente de CD4, debido justamente a que el timo ya no está funcionando a su máxima capacidad.




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