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"Yo se Lo Pedí al Médico"

August 31, 2007

Ricardo González, en un día de voluntariado en Bienestar Human Services, Sur Centro de Los Angeles. Foto por Omar Baños.
Ricardo González, en un día de voluntariado en Bienestar Human Services, Sur Centro de Los Angeles. Foto por Omar Baños.
La historia de Ricardo no es muy diferente a la de miles de personas que se enteran que tienen VIH pasando los 50 años de edad. Para ellos, es común pensar que el VIH es algo distante que solamente le pasa a la gente joven. Pero cuando escuchan las noticias de un diagnóstico positivo, comienzan a comprender la magnitud del VIH, los riesgos y las posibilidades de vivir una vida saludable. Ricardo González, de Los Ángeles, recibió un diagnóstico positivo hace dos años, a los 55 años de edad, cuando su pareja de tres años le informó que acababa de recibir un diagnóstico de VIH.

A su edad, Ricardo estaba seguro que no podía tener VIH. Esa es parte de la historia que contó a IMPACTO!, además de relatar el proceso de aceptación y la renovación de su vida y su futuro en una etapa que esperaba no le trajera grandes cambios. Una de las primeras palabras con las que describe esos momentos es: sorpresa. La noticia, sin duda alguna, lo tomó desprevenido. Cuando su pareja le informó que su esposa y él habían sido diagnosticados con VIH y que debería de hacerse la prueba, Ricardo, inmediatamente, le dijo: "Yo no (estoy) infectado. ..."

La primera reacción fue de negación e incredulidad. Primero, porque no sabía mucho del VIH. Había escuchado algo sobre el SIDA, pero: "nunca pensé que yo podía estar infectado", comenta Ricardo. Como muchos, pensó que eso de la infección le pasaba a otros, pero no a él. Y segundo, porque en 40 años de prácticas sexuales con otros hombres, nunca había utilizado condón y nunca había tenido ni una infección de transmisión sexual. Parecía un juego de ruleta rusa que había durado muchísimos años, pero había llegado a su fin.

Ricardo habla de una manera muy franca y abierta sobre sus prácticas sexuales sin condón antes de saber que tenía el VIH. Sencillamente no le gustaba utilizarlos y tenía múltiples parejas sexuales. Y su experiencia sin condón le había demostrado que podía tener sexo sin condón sin contraer ninguna infección sexual. Pero todo esto cambió una vez que se enteró que tenía VIH y que la manera de evitar la transmisión era con el uso del condón en las relaciones sexuales. Su ignorancia sobre el VIH terminó en el momento en que llegó el virus a su vida de forma estrepitosa.

Para Ricardo no fue tan sencillo ir y hacerse la prueba del VIH. Su médico de cabecera nunca le sugirió que se hiciera la prueba; nunca le habló sobre los riesgos de infección por VIH; y nunca hablaron sobre sus prácticas sexuales. Al preguntarle si alguna vez habló con su médico sobre el SIDA, Ricardo contesta: "Nunca habló de eso. Por eso se sorprendió cuando le pedí que me hicieran la prueba".

El médico estaba renuente a hacerle la prueba. Ricardo asegura que el médico inicialmente se negó: "Me dijo que no, porque yo no podía estar infectado". La conclusión de que él no podía tener el VIH, más de adivino que de experto médico, tenía que ver con la edad de Ricardo, ya que era un hombre entrando en la tercera edad.

Sin embargo, Ricardo insistió para hacerse la prueba. Su médico accedió. Una semana después lo llamaron del consultorio para que recogiera los resultados.

A sus 55 años recibió un diagnóstico positivo de VIH y de SIDA también. Tenía un conteo de CD4 de 98 y la carga viral estaba por los cielos. Como es común entre personas mayores que reciben un diagnóstico positivo, los resultados de VIH casi siempre van acompañados con una diagnóstico de SIDA. Esto suele suceder porque las personas confunden los síntomas de la infección con otras dolencias propias de la edad. Así dejan pasar años sin hacerse la prueba del VIH. Además, muchos médicos, como el de Ricardo, descartan la infección por VIH en adultos mayores sin haberles hecho la prueba, por la creencia que no están teniendo relaciones sexuales y que no están a riesgo de nada.

Hace dos años Ricardo era ajeno al mundo del VIH. Pero su experiencia le ha dado otra perspectiva de vida a los 57 años en voluntariado y servicio comunitario, sobre todo en cuanto a la información sobre el VIH.

Primero empezó por su casa. Durante los primeros meses después del diagnóstico, Ricardo entró en una fuerte depresión. Buscó ayuda con las organizaciones que ofrecen servicios para personas con VIH. Allí encontró el apoyo para comprender lo que le estaba pasando y para pensar cómo decírselo a su familia. A las primeras personas que les confió sobre su condición médica fue a su hermana y sobrinas. Al vivir con ellas, dice Ricardo, y de quienes siempre ha tenido su apoyo, sintió la responsabilidad de contarles.

La respuesta fue positiva. Su hermana y sobrinas comprendieron y ofrecieron su apoyo. Desde joven su familia lo ha apoyado. El primer apoyo fue cuando les informó que era gay a los 15 años de edad. Siempre ha tenido su apoyo incondicional. Gradualmente fue confiando su estatus de VIH a amigos y a otros familiares.

Ese apoyo familiar y comunitario le ha dado inmensas fuerzas a Ricardo. El ha desarrollado un sentido de cuidado personal y autosuficiencia: "Si no me cuido yo, nadie me va a cuidar", asegura. Una de sus prioridades es su salud. No pierde ninguna cita médica. Su tratamiento le está funcionando. Tiene un conteo de 400 CD4 y la carga viral es indetectable. Además del tratamiento para el VIH, también tiene medicamentos para el colesterol, alta presión, artritis y diabetes, que no están relacionadas al VIH, sino a las dolencias de la edad.

El cambio más grande y significativo en su vida ha sido el uso del condón. El que no gustó usar durante décadas, ahora tiene dos años de utilizarlo en cada relación sexual. Dice que no acepta relaciones sexuales sin condón. Y que el SIDA: "no es un impedimento para tener relaciones sexuales".

Ni su edad ni el SIDA lo detienen. Una manera de seguir adelante y activo es el voluntariado y participación activa en eventos comunitarios relacionados al VIH. Durante más de un año ha sido voluntario de Bienestar Human Services en Los Ángeles. Ricardo también pasó horas incontables apoyando en la organización de la Conferencia de ALIANZA en junio del presente año. Ricardo espera poder ayudar a las personas que como él, tienen que informarles a sus seres queridos sobre el VIH: "Quiero ayudar a otras personas que no pueden hablar con sus familiares sobre el VIH".

En la sala de conferencias de Bienestar del Sur Centro de Los Ángeles, Ricardo terminó nuestra entrevista con un sencillo, pero importante mensaje: "La gente de mi edad, que se haga la prueba".


  
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Este artículo era proporcionada por AIDS Project Los Angeles. Es parte de la publicación Impacto.
 
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