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En Primera Persona: El Inmigrante Con VIH y Su Camino

Marzo/Abril 2002

Cada persona tiene su propia experiencia de la vida. Para los que somos extranjeros nuestras vicisitudes ocupan un lugar importante cuando definimos lo que somos. Para los que tienen VIH o SIDA y son inmigrantes, la vida se configura de manera tal que incorpora una gama de retos sociales, médicos y culturales. De su propio puño y letra, un hombre con VIH comparte un poco de su experiencia como inmigrante seropositivo, sus vicisitudes y luchas. ­Nota del editor.


En Primera Persona: El Inmigrante Con VIH y Su Camino
Ilustracion de Michael Storc

El Circo

Yo vine a trabajar a un circo como trabajador de carga, como "burrito." Así me decía el capataz del circo. Mi trabajo consistía en levantar el circo todos los días por la mañana y después de dos funciones quitarlo y dejar todo listo para el siguiente día viajar a otra ciudad. Yo dejé de tomar mis medicamentos durante este tiempo porque trabajaba con otros hombres que no sabían que yo tenía el VIH y por lo tanto no podía tomar medicamentos libremente en frente de ellos. Los tuve que esconder entre mi ropa para que no me los descubrieran. Vivíamos en unos carros que habían camuflado como cabinas. Dormíamos hasta 6 personas en un espacio de dos metros, unos encima de otros.

Para mi era terriblemente frustrante porque además de tener el VIH soy homosexual; así que dormir con otros hombres en el espacio reducido era algo incomodo. No teníamos mucha facilidad para bañarnos. Había un baño instalado en un camión, pero costaba 2 dólares cada baño (en aquel entonces era toda una fortuna). Me bañaba una vez al día, pero sentía que necesitaba dos o tres baños diarios.

La comida era también un gran problema. La comida era proveída por el dueño del circo. Nosotros no podíamos opinar ni sugerir que queríamos comer. La comida no era mala en un principio. Comíamos tres veces al día, pero cuando iniciamos una gira por todos los EUA, desde Texas hasta Canadá y luego regresar otra vez a Texas, las cosas cambiaron. La comida ya no tenía la misma calidad. Este fue el motivo principal que me llevó a renunciar a mi trabajo en el circo y a buscar otro tipo de trabajo.


Empezar de nuevo

Después de dejar el trabajo del circo, decidí ir a Washington porque allí tenía unos amigos. Allí podría trabajar y empezar el tratamiento contra el VIH. Aunque debo decir que en ese tiempo yo consideraba que no necesitaba medicamentnos para enfrentar mi condición de VIH. Creía que con mi fe y confianza en Dios era suficiente. El médico me hizo mi primera prueba de carga viral y me dijo que estaba muy alta y que debía ponerme en tratamiento. Peleamos un tiempo hasta que me convenció que lo tomara; fue así que empecé a tomar un tratamiento después de más de un año que lo había suspendido. Mi carga viral bajó pronto de más de 130.000 copias por mm a indetectable. Eso me convenció de que los medicamentos si servían de algo. El tratamiento consistía en Viracept, ddI y Zerit, más dapsone, para prevenir la Tuberculosis. Me estuvieron atendiendo en una clínica de servicio comunitario.


En Primera Persona: El Inmigrante Con VIH y Su Camino
Foto: George Ayala

Cuando llegamos

En nuestros países uno piensa que con el hecho de venir a este país todo está resuelto, pero muy pronto uno se da cuenta que la realidad es muy diferente. Y es aun más difícil para quienes vivimos con VIH o con SIDA. El choque cultural es desastroso, terriblemente opresivo, dado que aquí hay que hablar otro idioma que la mayoría de las personas que emigramos no hablamos. Algunos aprenden a hablarlo pronto, otros no tan pronto y otros nunca, pero de todos modos se tiene que sobrevivir.

El VIH/SIDA se va convirtiendo en "una enfermedad de la pobreza" como alguna vez oí hablar a un compañero sobre el SIDA. En este país uno puede tener un tratamiento de primera calidad si tiene un buen seguro médico; y como segunda opción si uno es ciudadano o residente legal permanente, el gobierno también protege sus derechos como ser humano. Si uno tiene la mala fortuna de ser una persona que no tiene un estatus legal en este país las oportunidades de atención cambian muy drásticamente. No es fácil ser recibido en un hospital. Las personas tienen que utilizar programas de beneficencia pública o programas de caridad de las iglesias. Muchos de los programas son financiados con fondos del gobierno, es decir, sea quien sea el proveedor de servicios finalmente tratará de cobrarle al gobierno.

Cuando se vuelve peligroso y delicado el asunto para aquellos que no tienen un estatus legal en este país es cuando no se garantiza la confidencialidad de su información. Esto hace que la gente viva con temor de utilizar los servicios del gobierno, porque uno no quiere renunciar a la esperanza de obtener un status legal. Se sabe que en los EUA como en muchos otros países hay leyes que prohíben dar estancia legal a personas con VIH o con SIDA.

Tristemente aun seguimos siendo considerados una carga para la salud pública y un peligro de la economía. Los gobiernos de los países creen que al invertir dinero en nosotros, es como "un mal negocio" o como dicen algunas personas "es como tirar el dinero a un pozo o a la basura." Esto decía un amigo mío cuando yo empecé a vivir con VIH. Tal vez fue eso lo que rompió nuestra amistad. Yo no me considero que soy basura, ni que vivo en un pozo, y mucho menos que soy un mal negocio. ¡Soy un ser humano maravilloso!


Las cosas pueden cambiar

Ahora, después de los avionazos en Nueva York y Washington, las cosas podrían volverse más difíciles. Por ahora, la actitud de algunos americanos es de no ser amigable con los inmigrantes. Esto a la larga provocará que la gente con VIH no busque atención y no vaya al médico, y por lo tanto el sufrimiento será mayor y en silencio.

Quiero hacer un llamado a todos ustedes para que no permitamos que nos hagan retroceder 20 años de lucha, que no nos borren de la historia y de la vida 20 años de batallas. Es tiempo que nosotros, que tenemos la voz de la experiencia, no dejemos que nos ignoren y no dejemos que construyan una historia y una realidad que no es la nuestra.

Yo veo con tristeza el hecho de que quienes vivimos con VIH o con SIDA ya no participamos activamente para hacer oír nuestras voces. Me parece que existe una apatía y tal vez un cansancio entre nosotros para dar la cara y asumir nuestra existencia con todo lo maravillos/as y her-mosos/ as que somos. No dejemos que "los otros" definan nuestra identidad. Seamos nosotros quienes le contemos al mundo quienes somos, de donde venimos y como es que nos tocó entrar en esta a veces maravillosa, a veces tormentosa experiencia de vivir con VIH o con SIDA.

Roberto Rivas es seudónimo de nuestro colaborador. Si tiene comentarios sobres este artículo, por favor hágalos llegar a obanos@apla.org


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Este artículo era proporcionada por AIDS Project Los Angeles. Es parte de la publicación Impacto.
 
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