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Antonio Hernández: El Perfil Humano de un Activista

Abril de 2003

Antonio Hernández

El origen, la dedicación y la motivación de los activistas es un enigma para muchos. Su vida diaria está plagada de una incomprensible -- aparentemente irracional y masoquista -- lucha. Antonio Hernández jamás imaginó la dirección de su destino cuando perdió empleo, casa y fortuna debido a la drogadicción. Hoy, a meses de celebrar su quincuagésimo aniversario de vida, es mejor conocido como activista incansable a favor de los derechos de latinos viviendo con VIH/SIDA en Nueva York.


Origen de un Activista

De padres puertorriqueños, Antonio nace un 14 de agosto en el Bronx, N.Y. El segundo de siete hijos, dos hembras y cinco varones, vive en Puerto Rico por diez años. A los diecinueve años, se matricula en Rhode Island Union College. Toma cursos de contabilidad y lenguas por varios semestres, pero no se gradúa. El joven "calmado, nada revolucionario," según sus palabras, abandona la universidad y trabaja en una fábrica de cinturones. Su tarea es platear o dorar las hebillas.

Antonio es física y verbalmente abusado, principalmente por sus padres, a causa de su orientación sexual. Ante el estigma de la homosexualidad -- década de los setenta -- y buscando la aceptación de su familia y la sociedad, vive con una mujer por tres años.

Para bien o para mal, su destino ha sido alterado repetidamente por la influencia de amigos o parientes. El apoyo y la generosidad de sus amigos forman su espíritu activista. Sus vivencias le enseñan, consciente o inconscientemente, dos lecciones que constituyen su meta profesional. La primera, ayudar, educar, motivar y guiar a los discriminados, aquéllos menos empoderados. La segunda, la importancia de ser un modelo para que otros en situación similar luchen por sus derechos.


El Fondo del Abismo

Siendo estudiante en la universidad de R.I., su primo lo introduce a las drogas. El uso inicial de substancias es recreativo, pero se convierte en escape y abuso en momentos difíciles.

Para dejar una vida regida por las drogas, a finales de los años setenta se muda a la Ciudad de Nueva York. Conoce a su amiga Gail, mientras trabaja en un servicio de mensajería, quien más tarde "le salvaría la vida." Es empleado en los hoteles Hilton por su experiencia en preparación de pasta y carne, herencia de su "mami," quien lo introduce al arte culinario. Irónicamente, vive en "Hell's Kitchen," en esa época un barrio infestado de drogas, por lo que recae en el uso de heroína y cocaína. Económicamente vive bien y tiene una de sus relaciones personales más importantes. Sin embargo, la drogadicción controla su vida. El fin de su relación en 1985 le hunde completamente en las drogas. Pierde su empleo, su hogar y todo su dinero. Gail y su marido, quienes ya viven en Pensilvana, le piden que se mude con ellos. Por tres meses lo atienden pacientemente, dándole abrigo, alimento y el apoyo moral necesario para "limpiarse" de las drogas. A siete meses de arribar a Pensilvania, está listo para trabajar.

En 1986, es agobiado inesperadamente por debilidad acompañada de náusea, diarrea, pérdida de apetito y peso. Cuando Gail lo interna en un hospital, es sometido a múltiples pruebas sanguíneas sin resultado específico. El cuadro clínico que en un hospital de Nueva York -- a mediados de los años ochenta -- sugeriría infección de VIH, no es evidente en PA. Finalmente le hacen la prueba del SIDA sin su conocimiento -- el resultado es positivo. A tres días de ser diagnosticado con PCP e iniciar el tratamiento, su mejoría es obvia. Aunque considera que fue sometido a una prueba sanguínea ilegal, sin su conocimiento ni consentimiento, agradece que los médicos hayan encontrado el mal que lo afectaba. En ese momento sintió gran rabia con Dios, el gobierno y "el mundo entero," pues enfermaba a pesar de intentar superar su drogadicción. Como muchas personas con reciente seroconversión, niega inconscientemente la existencia del virus en su cuerpo. Cuando sale del hospital, se embriaga con amigos en un bar. Su vida sigue su curso y continúa supervisando banquetes por los próximos cinco años.


Una Nueva Vida

Mientras vive en PA, un amigo cercano muy alegre muere de SIDA por descuidar su salud. Su muerte lo "despierta," salvándole la vida, y finalmente acepta que morirá si se desatiende. Decide educarse sobre el SIDA, aunque no toma ningún medicamento. Solicita información básica sobre SIDA a una agencia, la cual es proporcionada en casa a petición suya.

Regresa a Nueva York a principios de los años noventa. Aunque su conteo de CD4 es 800, su salud es frágil. Le duelen los pies al caminar y teme hasta salir a la calle. Su amigo Ray lo recibe en su casa y lo motiva a caminar para mejorar la neuropatía. Cuando "Tony," como lo llaman sus amigos, rechaza salir solo, Ray lo acompaña. Para empujarlo a salir adelante, le da tres meses para conseguir su propio espacio.

En busca de una identidad como hombre "gay," acude al Centro LGBT en Greenwich Village. Casualmente, entra a una junta pro derechos al matrimonio de parejas homosexuales. La discusión le intriga y conoce a Liz entre los participantes. Comparten ideas y se identifican. Liz, quien trabaja para el Fiscal de Distrito de Brooklyn en asuntos de "gays" y lesbianas, se convertiría en su amiga y ejemplo como activista. Antonio se interesa por el activismo al observar el trabajo de Liz. Escucha y observa cómo Liz grita, se "enfogona," y exige cambios. Las juntas bimensuales en el Centro LGBT de Nueva York son su salón de clase y Liz su maestra.

Antonio nota las distintas coaliciones de personas unidas por una característica común: origen étnico, religión, enfermedad, sexo u orientación sexual. Encuentra fácilmente un nicho en el área del activismo. Pertenece a varias minorías en continuo combate: latinos, personas viviendo con VIH/SIDA y hombres "gays." Se afilia a organizaciones de las que se considera solidario. Es miembro fundador de la conferencia nacional LGBT "Pa' fuera Pa'lante," el boletín electrónico LGBT "Mano a Mano," siendo también parte de su junta de directores. Además es parte de la junta de la Comisión Latina del SIDA. Publica el boletín "Orgullo Latino," que perfila vidas de latinos viviendo con VIH/SIDA. Este panfleto se deja de publicar el año pasado por falta de fondos. Actualmente, es miembro del Grupo de Planeación de Prevención (PPG, siglas en inglés) del Instituto del SIDA del estado de Nueva York.


Poder Latino

Poder Latino es una coalición de latinos viviendo con VIH/SIDA en Nueva York que aboga por los derechos de su comunidad. Nace en 1999 cuando Antonio presenta la idea a Dennis de León, director de la Comisión Latina del SIDA. Este proyecto cuenta con más de 360 personas, especialmente en la ciudad de Nueva York. Antonio mantiene comunicación constante con el grupo por correo regular y vía telefónica para informar de talleres, visitas a legisladores o la necesidad de mostrar solidaridad detrás de alguna cuestión. De manera concurrente, en octubre del 2002 inició un boletín electrónico en grupo en Yahoo! del mismo nombre, Poder Latino. La finalidad es informar regularmente sobre oportunidades de empleo, noticias sobre SIDA, cambios en beneficios médicos o cualquier cuestión de interés para personas viviendo con VIH/SIDA. La lista inicial, que crece diariamente, es de más de 130 personas. Los interesados en participar en Poder Latino pueden contactar a Antonio por teléfono al (212) 584.9308 o por correo electrónico a la dirección ahernandez@latinoaids.org.


Antonio, Visto por sus Colegas

Aunque es imposible incluir los comentarios de todos sus compañeros en la lucha, los siguientes puntos de vista reflejan el consenso.

"Antonio lleva el activismo dentro de su corazón y cree que toda voz puede traer cambios a nivel político," me dice María Luisa, quien en 1997 ofreció su historia a "Orgullo Latino," como mujer inmigrante viviendo con VIH. "Es exigente consigo mismo y los demás, soñador, colaborador, responsable y buen amigo," describe María Luisa, y concluye: "Trabaja más que una persona saludable; sus obras demuestran el tiempo que da a la causa de SIDA."

Raquel Algarín, directora de reducción de riesgo en L.E.S.H.R., conoce y colabora con Antonio en presentaciones de manejo de estrés. Su percepción es que Antonio "está centrado espiritualmente y sus actos denotan la compasión por nuestra gente. Es inteligente y experimentado, pero nunca egoísta con su conocimiento. Aunque tiene un maravilloso sentido del humor, entiende el dolor y la tristeza de los demás, por lo que está listo para confortarlos. Aunque está consciente de su contribución, es reservado y no busca reconocimiento."

"El trabajo de Antonio como activista," continúa Raquel, "provee la oportunidad a nuestras comunidades a ser motivadas y empoderadas con conocimiento, información y las herramientas necesarias para mejorar nuestra calidad de vida, la de nuestras familias y nuestros vecindarios. Su incansable activismo a nuestro favor es un ejemplo para latinos recientemente infectados y para aquéllos que nunca se imaginaron ser líderes o activistas."

Su mensaje a los lectores que tengan la oportunidad de conocerlo: "¡Prepárense para ser inspirados!"


La Entrevista con "Tony"

Conocía la labor que Antonio realiza en favor de latinos viviendo con VIH/SIDA en N.Y. Desconocía al hombre detrás del activista. Además del afta ("thrush") y linfoma que sufrió en 1997, tiene problemas pulmonares de causa indefinida que en ocasiones le impiden respirar propiamente. Como la neuropatía en los pies se ha agravado, es traído a conversar conmigo por un servicio de transporte para personas con problemas de movilidad. Esta opción le permite continuar su trabajo. "El día que me tenga que quedar en casa, me muero," me dice cuando su asistente nos deja solos.

Esta entrevista fue interesante y difícil a la vez. Mantener el orden cronológico de su vida y recordar datos importantes fue un reto para Antonio. Problemas neurológicos han borrado parte de su memoria: "Tengo problemas recordatorios," me explica. Mi conversación con Antonio me sugirió cómo trabaja la mente de un activista. Posiblemente tratando de abarcar simultáneamente varios proyectos y siendo jalado en múltiples direcciones a la vez.

JM: ¿Le temes a algo en la vida?

AH: No fíjate, soy un luchador. A lo único que a veces le temo es a la muerte. A veces me siento cohibido ante personas de gran poder [político]. Pero de temerle, a nadie.

JM: ¿Piensas en la muerte con frecuencia?

AH: Sí, me da miedo y nervios no haber hecho suficiente [en la vida]. Quiero dejar algo establecido que permanezca después de mi muerte. Seré parte de un "documento viviente" publicado por la oficina del alcalde de Nueva York. Soy una de 15 ó 20 personas que serán entrevistadas y fotografiadas.

JM: ¿Por qué es importante para ti dejar un legado?

AH: Quiero que se recuerde mi paso por este mundo. Como sabes, soy una persona "gay" y no tengo hijos que sigan mi huella. Además, otros activistas como Martin Luther King, Malcolm X o el presidente Kennedy son recordados por sus hechos, no por sus herederos. Ellos son ejemplos para la juventud. Yo quiero ser un ejemplo para las personas "positivas." Para mí es muy importante que sepan que si yo lo hice, ellos también pueden.

JM: ¿Qué ejemplo quieres dejar a las personas viviendo con VIH/SIDA?

AH: Que como persona positiva, yo luché por nuestros derechos. Quiero que especialmente los latinos positivos luchen, como yo, por sus derechos independientemente de su condición médica.

JM: Cuando hablas de derechos, ¿a qué te refieres?

AH: Derechos a medicamento, tratamiento, a ser respetados en su trabajo y todo tipo de derechos como personas deshabilitadas. Aunque el SIDA es una enfermedad debilitante y algunos de nosotros estamos más enfermos que otros, los más sanos podemos luchar por los demás.

JM: ¿Te sientes una persona deshabilitada?

AH: No, sólo cuando estoy muy enfermo, pero la mayoría de las veces "meto mano." Siempre he sido una persona muy activa en cuanto a trabajo se refiere, así que los diferentes grupos a los que pertenezco me mantienen ocupado. El año pasado la Comisión Latina del SIDA me otorgó un reconocimiento, "la Voz de la Esperanza," durante "Cielo Latino," un evento para recaudar fondos.

JM: Y a las personas que abusan de substancias controladas, ¿qué les recomiendas?

AH: Respeto el hecho que las personas adictas a drogas y alcohol digan que es muy difícil dejar el vicio. Sin embargo, me frustra oír esto pues yo lo hice. Sé que es posible, por eso me mantengo al margen y no juzgo a nadie.

JM: Me decías que le temes a la muerte. ¿Qué haces cuando piensas en la muerte y cómo te alejas del miedo?

AH: Una de las cosas que he aprendido en terapia individual, que tomo cada tercera semana, es sentir mis emociones para poder bregar con ellas. Cuando me siento muy enfermo o me viene la reacción de miedo a la muerte, sólo la siento y la dejo pasar.

JM: ¿Te dan ganas de llorar cuando piensas en la muerte?

AH: Sí, pero no porque me vaya a morir, sino por lo sentimental de una situación que me recuerda mi condición. Pero como te digo, siento mis emociones y si quiero llorar, lloro y si tengo que gritar, grito.

JM: ¿Hay algo que te deprime?

AH: Mi mami murió hace cuatro años. Aunque la vi dos semanas antes de su muerte, -- estábamos muy apegados -- no fui a su entierro. Tuve miedo a mi reacción y creo que estoy estancado. En agosto iré a Puerto Rico al cementerio. Cada vez que pienso en ello, me pongo muy nervioso y sentimental porque no sé cual va a ser mi reacción, pero es la única manera de seguir hacia adelante.

JM: ¿Qué te motiva a seguir adelante con tu trabajo?

AH: Mi familia: mis hermanos y hermanas. Quiero ser un ejemplo para mis sobrinos, todos varones. Quiero que digan "mi tío tenía SIDA pero echó pa' adelante e hizo lo que pudo para defender su comunidad." Ellos saben que soy "gay" y VIH-positivo.

JM: ¿Eres religioso?

AH: No soy persona de iglesia o de religión, pero sí creo en un poder supremo. Antes oraba en forma de conversación con Dios. Creía lo que decía la Biblia, pero ahora tengo muchas preguntas. No sabemos qué hay después de la muerte. He cuestionado mi mortalidad, especialmente en los últimos años, tal vez como resultado de mi edad.

JM: ¿Eres feliz a pesar de todos tus problemas de salud y tu cuestionamiento sobre el más allá?

AH: Sí, me siento bien y más satisfecho que nunca. Porque sé lo que tengo que hacer, sé como hacerlo. Teniendo estas dos cosas en mente, no espero que algo pase, lo hago realidad.

JM: ¿Tienes algún mensaje final, Tony?

AH: Quiero que la gente sepa que Poder Latino es dirigida por una persona VIH-positiva, para defender a la gente positiva y sus derechos. Este proyecto reside muy cerca de mi corazón y es muy importante para mí. Quisiera darle las gracias a la Comisión Latina del SIDA por darme la oportunidad de tener este grupo. Ser VIH-positivo no es la muerte. Con los medicamentos que contamos en la actualidad, las personas viven por más tiempo. Quisiera decirle a los lectores que el poder está en ellos. Hay un refrán en Puerto Rico que dice: "El que no grita, no mama." En otras palabras, si tú no peleas por tus derechos, no vas a recibir nada. No tienen que unirse en grupos, cada persona debe pelear por sus derechos y si no se te respetan, aquí estoy yo para ayudarte.

José María Medellín vive en Nueva York y escribe regularmente para SIDAahora. Es presidente del CCAB (Junta de Consejo de Clientes y Comunidad) de God's Love We Deliver, agencia que ofrece servicio de alimentos a domicilio para personas viviendo con VIH/SIDA.


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Este artículo era proporcionada por Body Positive. Es parte de la publicación SIDAahora.
 
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