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Interrupciones Estructuradas de Tratamiento
Por Ahora No, Gracias . . .

Diciembre 2001

Interrupciones Estructuradas de Tratamiento

No recuerdo cuándo escuché sobre las Interrupciones Estructuradas de Tratamiento (IST) por primera vez. De lo que sí estoy seguro es que inmediatamente le pregunté a mi doctor, Patrick Dalton, si yo podría probarla. La idea de suspender el tratamiento de medicinas que había elegido seis meses después de haber quedado ciego en octubre de 1995 a raíz de una retinitis infecciosa causada por CMV (citomegalovirus), me parecía muy atractiva. En el verano del 2000, después de más de 4 años, mi vida giraba alrededor de los horarios, las restricciones de dieta y los malestares de los efectos secundarios causados por tomar de 25 a 30 pastillas al día.


Mi Cuidado Médico

El Dr. Dalton ha estado a cargo de mi tratamiento médico desde principios de 1998. Lo visito cada cuatro o seis semanas. Lo he visto desde el momento en que su socio en el consultorio médico, quien fuera mi médico en ese entonces, decidió retirarse. Por fortuna, entre nosotros dos existe una buena relación paciente-doctor. Escucho con atención sus opiniones, pues respeto su experiencia en la materia. Al mismo tiempo, mi doctor me da la oportunidad de retar o preguntar acerca de tratamientos alternativos provenientes de otras fuentes. Mi tratamiento es el resultado de un mutuo acuerdo. Él está conciente de la importancia de que yo, como paciente, tenga oportunidad de opinar sobre las medicinas que voy a tomar. A fin de cuentas, soy yo quien va a lidiar con los malestares de los efectos secundarios. De esta manera, el Dr. Dalton tiene la certeza de que me adheriré al tratamiento elegido por los dos.

Por suerte, hasta la fecha, nunca he sufrido de los típicos efectos secundarios de las drogas para combatir el VIH. Sólo al principio tuve una alergia y náuseas debidas al Crixivan, que pasaron después de un mes. En la terapia inicial, además de la droga antes mencionada, tomaba 3TC y D4T. Al desarrollar resistencia al Crixivan y neuropatía en los pies por el 3TC, los sustituimos por Sustiva y Zygen. En marzo de 1998 fui diagnosticado con diabetes. Aunque, sin saber a ciencía cierta, se pensó que el causante era el Crixivan, uno de los inhibidores de proteasa más potentes. Esto fue un golpe muy duro para mí, pues pensé que tendría que inyectarme insulina más adelante.

Afortunadamente, pude mantener un nivel de glucosa estable en la sangre con dieta, ejercicio, y medicina oral. Meses más tarde, los niveles de colesterol de lipoproteínas de baja densidad (el colesterol "malo") y los triglicéridos empezaron a subir, asi que comencé a tomar medicina para reducirlos. El tener que tomar pastillas para contrarestar los efectos secundarios de las drogas de VIH me parecía ridículo. Más que nunca, deseaba interrumpir el tratamiento.

Interrupciones Estructuradas de Tratamiento

A principios del año 2001 pregunté si era el momento oportuno para probar una interrupción en mi tratamiento. Siempre estoy al tanto de los resultados de las pruebas sanguíneas y había notado que mi conteo de CD4 o células T se mantenía alrededor de 400 y la carga viral era casi siempre indetectable de acuerdo a la prueba hipersensitiva que podía detectar hasta 50 copias del material genético del virus. El Dr. Dalton me explicó que, por regla general, él prefería que sus pacientes tuvieran un conteo de más de 500 CD4 y una carga viral indetectable por lo menos por 4 meses consecutivos. Obviamente no cumplía con sus requisitos para interrumpir mi tratamiento.

Decidí tener paciencia y continuar con mis terapias alternativas para mejorar el sistema inmunológico: Reiki, meditación y ejercicio para reducir el estrés, una dieta balanceada añadiendo suplementos vitamínicos y antioxidantes que regularan mis niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos en la sangre y la oración para mantener una actitud positiva ante la vida. Sin embargo, en julio del 2001, al acercarme al quinto aniversario del uso de terapia con medicamentos contra el VIH, me resultó claro que estaba cansado de que las pastillas rigieran mi vida. Muy a mi pesar y de manera inconciente, descuidé mi horario de tomar los medicamentos; en vez de tomar Crixivan cada ocho horas, no me importaba tomarla cada siete, nueve, o hasta cada diez horas. Me olvidaba de mis dosis y simplemente no tomaba las pastillas cuando era requerido. Por más de cuatro años había utilizado tres relojes con alarma para seguir un horario estricto. Al darme cuenta de lo que estaba haciendo me alarmé de la posibilidad de estar causando el desarrollo de resistencia al virus, con los medicamentos que hasta esa fecha funcionaban tan bien.

Ésta fue la razon principal que le planteé a mi doctor por la cual deseaba interrumpir el tratamiento. En orden de importancia, le seguía la fatiga de la terapia, del estar tomando tantas medicinas, y finalmente los efectos secundarios de las drogas. Yo sentía que los efectos secundarios del Crixivan se manifestaban como diabetes y lipodistrofia. En cuanto a Sustiva, había notado en los últimos seis meses que en vez de tener una oscuridad total debido a mi ceguera, "veía" relampagos como los de una noche de tormenta tropical. Esto me desorientaba y dificultaba la movilidad con baston. También sufría de pesadillas a menudo.


La Preparación

El Dr. Dalton no estaba de acuerdo en que detuviera mi tratamiento y arriesgara que las drogas que tomaba dejaran de funcionar. Sin embargo, él estaba conciente de que, al prohibirme parar el tratamiento, yo podría dejar de adherirme o seguirlo al pie de la letra. Por lo tanto, decidimos establecer ciertos parámetros que dictaran de antemano los pasos a seguir dependiendo de los resultados de la interrupción:
  • Haríamos pruebas sanguíneas cada dos semanas para observar la química y composición de la sangre y los niveles de CD4 y carga viral.

  • Si el conteo de CD4 disminuía a menos de 150, volvería al tratamiento.

  • Además de las pruebas de laboratorio, tomaría Bactrim como protección contra la pulmonía intersticial (PCP) y toxoplasmosis.

  • Dejaría de tomar Sustiva un día antes de parar de tomar el Crixivan y Zygen, ya que la Sustiva permanece en la sangre por más de 24 horas después de cada dosis.


Interrupciones Estructuradas de Tratamiento

La Interrupción del Tratamiento

El sábado 14 de julio tomé mi última dosis de Sustiva antes de acostarme. Al día siguiente tomé todas las dosis de Crixivan y Zygen. Después de cinco años continuos, el lunes 16 de julio fue el primer día que no tomé drogas anti-VIH. Por los primeros diez días, me sentí completamente liberado. Si quería comerme una hamburguesa o unos tacos a las once de la noche, no había ningún problema. No tenía que dejar de ingerir alimentos cargados de proteínas y grasa a las nueve de la noche. Tomar el "brunch" con amigos a las dos o tres de la tarde volvió a ser lo más normal, si así lo deseaba.

Al onceavo día, noté que me sentía fatigado. No tenía muchas ganas de ir al gimnasio y me resultaba más fácil tomar una siesta. Mi doctor me había advertido que cuando el VIH empezara a replicarse, eso posiblemente sucedería. Reposaba cuando podía, pero dos días después sentí que tenía fiebre. Una semana más tarde, cuando la fiebre no cedía, y estaba llegando a los 101 grados Farenheit, fui a ver al doctor. Habían pasado poco más de dos semanas desde el inicio de la interrupción, así que ya tenía que chequear los niveles de sangre. Cuando el doctor me llamó para decirme que tenía un poco más de 200 CD4 y recomendó que esperáramos el resultado de la carga viral para confirmar lo que sospechaba, me dijo, "Hay dos opciones: te aguantas y le sigues, o vuelves a tomar medicinas."

Sin vacilar un segundo, aún cuando me sentía nauseabundo, débil por no comer suficiente y con dolor de cabeza por la fiebre, respondí "Me aguanto. . . ."

Para complicar mi estado físico, mi nivel de glucosa en la sangre andaba por alrededor de los 300 mg/dL (para una persona sin diabetes está entre los 70 y 120). A mediados de junio me había lastimado la espalda levantando pesas en el gimnasio, así que tuve que suspender todo ejercicio. Esto contribuyó a que mi nivel de glucosa saliera de lo normal. El ejercicio y la dieta son indispensables para el diabético. Para cuando empecé la interrupción, tuve que añadir una medicina extra para regular la glucosa. Si sumamos que mi cuerpo estaba luchando horas extras contra la replicación del VIH, el reducir la glucosa en la sangre era casi imposible debido a la infección en mi cuerpo. A las tres semanas y medía de comenzar la interrupción, un segundo estudio sanguíneo confirmó que mis CD4 iban en picada, ya tenía menos de 150. Mi carga viral estaba en las 200,000 copias. La diabetes continuaba fuera de control, seguía con fiebre alta, y había perdido alrededor de 15 libras.

Comprendí que no podía arriesgar más, así que decidí que debía reiniciar mi terapía contra el VIH. La disyuntiva estaba en seguir con los mismos medicamentos o hacer modificaciones. Considerando que estaba cansado de regímenes rigurosos, resultaba claro que no podía seguir tomando Crixivan. Sustiva no era una opción pues no deseaba las reacciones neurológicas del pasado.


Interrupciones Estructuradas de Tratamiento

Epílogo

El Dr. Dalton me ofreció varias opciones para un nuevo tratamiento. Decidí continuar tomando Zygen pero sustituir Kaletra y Viramune por Crixivan y Sustiva respectivamente. El lunes 13 de agosto, casi un mes después de haber dejado de tomar medicamentos, comencé un nuevo régimen sencillo y sin restricciones dietéticas. Tomo mis pastillas dos veces al día con o sin alimentos.

A mediados de septiembre, un mes después de reiniciar mi nueva terapia con medicinas, las pruebas sanguíneas mostraron una mejoría notable. Tenía un conteo de CD4 de cerca de 300 y la carga viral había disminuido a 20,000 copias. Algo interesante está sucediendo en estas fechas. ¡No he tenido necesidad de tomar ningún medicamento para regular la glucosa en la sangre! Casi recuperé mi peso normal y los efectos secundarios son mínimos.

La importancia de esta experiencia para mí reside en el hecho de que la confianza mutua entre mi doctor y yo permitió este experimento sin dañar mi salud. Respetamos los parametros que habíamos fijado y tomamos decisiones basadas en éstos. Las interrupciones estructuradas de tratamiento son una decisión individual, y el cuerpo de cada persona reaccionará de manera diferente. Tengo amigos que han experimentado con éxito las interrupciones, pero a mí no me funcionó en este momento.

José María vive en Nueva York y es el presidente del CCAB (Junta de Consejo de Clientes y Comunidad) de God's Love We Deliver, agencía que ofrece servicios de alimentos a domicilio para personas viviendo con VIH/SIDA. También es un miembro activo del PSAG (Grupo de Consejo de Programas y Servicios) de Gay Men's Health Crisis.


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Este artículo era proporcionada por Body Positive. Es parte de la publicación SIDAahora.
 
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