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Cefalea y VIH

Primavera de 2005

Las cefaleas son comunes, con una prevalencia del 20 al 30% en la población general. En personas con el VIH, pueden aparecer en el momento de la seroconversión, mientras se sigue el tratamiento contra el VIH o la hepatitis vírica y en la etapa terminal de la enfermedad, cuando los CD4 descienden por debajo de 100 linfocitos/mm3.

A menudo, las personas VIH positivas se preocupan cuando tienen cefaleas porque piensan que podrían proceder de una infección sinusal o cerebral que se haya pasado por alto. Al igual que las personas VIH negativas, los portadores del VIH también pueden pensar que el origen de su cefalea esté en una posible alergia, en problemas de la vista o en enfermedades de la columna cervical (cuello).

Para descartar que la causa sean posibles infecciones o tumores puede realizarse una anamnesis y una exploración médica meticulosa, a veces seguida de una IRM (imagen por resonancia magnética). Puede hacerse un análisis del líquido cefalorraquídeo para descartar una infección o inflamación por efecto de algunos fármacos como el interferón pegilado alfa (Pegasys, Peg-Intron), para tratar la hepatitis C. Una vez que se han descartado estas causas, lo normal es que las personas VIH positivas, al igual que el resto de la población, reciban un diagnóstico de cefalea vascular, que suele tratarse de una migraña común. La migraña es un dolor intenso y recurrente que típicamente se manifiesta en un lado de la cabeza y que en términos generales se define como cualquier jaqueca asociada a náuseas o fotofobia (hipersensibilidad a la luz) y fonofobia (hipersensibilidad al sonido).

Las cefaleas por el VIH pueden tener diversas causas. En general, se cree que las migrañas surgen por la dilatación (expansión) de las arterias del cerebro y el cuero cabelludo y de la liberación de sustancias químicas en los nervios, lo cual provoca dolor. Algunas cefaleas pueden ser reflejo de una disfunción de las vías químicas empleadas por las células gliales en las que se asientan las neuronas. El Dr. Michael Moskowitz, de la Harvard Medical School, señala que cuando los macrófagos de los vasos sanguíneos del cerebro se activan o desgranulan (liberan mensajeros químicos desde unas vesículas llamadas lisosomas) se produce una inflamación alrededor de los vasos sanguíneos, la cual provoca cefaleas. En la enfermedad por el VIH, la disfunción y activación de los macrófagos están relacionadas con anomalías en la concentración de las citocinas (hormonas que coordinan y regulan la respuesta inmunitaria).

Las cefaleas pueden desencadenarse por una multitud de factores, tales como irregularidades de sueño, estrés, humo de tabaco, exposición a una fuente de luz intensa, ruidos, perfumes u olores, ayuno, consumo de ciertos alimentos o desequilibrios hormonales, que pueden tener su origen en un exceso de estrógeno por el uso de anticonceptivos orales o en una saturación metabólica por el consumo excesivo de complementos de testosterona. Algunas personas son más propensas genéticamente a sufrir migrañas, y éstas son más comunes en las mujeres que en los hombres.

Los tratamientos contra la migraña se orientan a prevenir el problema o bien a detenerlo cada vez que reaparece. Las personas VIH positivas deben consultar con un médico antes de tomar medicamentos contra el dolor de cabeza.

Los tratamientos preventivos utilizan fármacos para la tensión arterial (bloqueantes de los canales de calcio, o betabloqueantes como el propranolol [Inderal]) y antidepresivos tricíclicos (como la amitriptilina [Elavil]). La combinación de tratamientos para la tensión arterial y antidepresivos tricíclicos es más efectiva que la monoterapia con un solo de dichos medicamentos. Otro tipo de terapia preventiva incluye fármacos antiepilépticos, como el ácido valproico (Depakote) o el topiramato (Topamax). Este último es preferible porque no interfiere con los medicamentos anti-VIH que dependen del metabolismo hepático. Los efectos secundarios del topiramato pueden mitigarse tomando la dosis preventiva completa (100 mg) de una sola vez por la noche. La riboflavina (vitamina B2) 400 mg al día ha demostrado también su eficacia para prevenir las cefaleas.

Los tratamientos que detienen las cefaleas cada vez que aparecen son los triptanos, como sumatriptan (Imitrex). Deben evitarse los alcaloides ergóticos, tales como el tartrato de ergotamina (Engomar) y la dihidroergotamina (Migranal) debido a que éstos aumentan los efectos secundarios derivados de la TARGA. También puede ser útil dejar de fumar, dormir adecuadamente, la acupuntura y la biorregulación (el uso de dispositivos de monitorización para ayudar a controlar voluntariamente ciertas funciones involuntarias, como la frecuencia cardíaca).

Los analgésicos sin receta como el paracetamol (Tylenol), la aspirina, el ibuprofeno (Advil) y el naproxeno (Aleve) ayudan a aliviar las migrañas. Sin embargo, el uso excesivo de estos fármacos puede provocar rebrotes de cefalea causados por los propios analgésicos.


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Este artículo era proporcionada por San Francisco AIDS Foundation. Es parte de la publicación BETA en Español.
 
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