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Hepatitis Viral y VIH

Hepatitis C

2004

Hepatitis C

¿Qué es la hepatitis C y cómo se transmite?

La hepatitis C es una enfermedad causada por el virus de la hepatitis C (VHC). Este virus puede provocar una infección incurable, cirrosis hepática, cáncer de hígado, insuficiencia hepática y puede conducir a la muerte. No existe ninguna vacuna para prevenir el VHC. Cinco millones de personas están infectadas con el virus en los Estados Unidos.

La infección con el virus de la hepatitis C es muy frecuente en las personas con VIH, y en la actualidad, la insuficiencia hepática como consecuencia de la infección con el VHC es una de las principales causas de muerte en personas con VIH. Entre un cuarto (25%) y un tercio (33%) de las personas con VIH que viven en los Estados Unidos están infectadas con el VHC. Esto quiere decir que aproximadamente 350.000 norteamericanos están coinfectados con el VIH y la hepatitis C.

La infección con el VHC puede acelerar la aparición de enfermedades hepáticas en personas infectadas con VIH y puede complicar el tratamiento contra el VIH. Es por eso que el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos y la Sociedad Norteamericana de Enfermedades Infecciosas (Infectious Disease Society of America) consideran que la hepatitis C es una infección oportunista relacionada con el SIDA en personas con VIH (a pesar de que tener el VHC no implica necesariamente que una persona con VIH tenga un diagnóstico de SIDA).

Los usuarios de drogas inyectables que comparten agujas y el equipo de inyección son quienes corren más riesgo de contagiarse de hepatitis C. Entre un 50% y un 90% de los usuarios de drogas inyectables que tienen VIH también están infectados con el virus de la hepatitis C. Ésto se debe a que ambos virus se trasmiten con facilidad por contacto sanguíneo. El VHC puede transmitirse de la sangre de una persona infectada a la sangre de otra persona, a través de medios tales como:

  • Compartir objetos que se utilizan en la inyección de drogas (agujas, jeringas, recipientes para cocinar drogas, algodón, agua).

  • Heridas por pinchazos de agujas;

  • Heridas no cicatrizadas o membranas mucosas (por ejemplo, dentro de la boca, vagina o ano) que se ven expuestas a sangre infectada, y

  • Productos sanguíneos o transfusiones de sangre (anteriores a 1992).

A diferencia del VIH, se cree que el VHC no se contagia a través del semen u otras secreciones genitales, a menos que haya sangre. Por eso, el riesgo de infectarse con el VHC a través de relaciones sexuales sin protección es bajo. Pero puede suceder, en especial en presencia de infecciones de transmisión sexual tales como el herpes o si la actividad sexual aumenta el riesgo de lesiones en la membrana mucosa y de contacto sanguíneo: "fisting" (introducción del puño en el ano), sexo anal, etc. Se recomienda que las personas que tienen el virus de la hepatitis C utilicen un condón u otra barrera para proteger a su pareja cuando tienen relaciones sexuales.

Las embarazadas con hepatitis C tienen menos de un 6% de probabilidades de transmitir el virus al bebé durante el embarazo o el parto. Sin embargo, este riesgo es mayor si la mujer tiene una carga viral alta de VHC (es decir, una cantidad alta de VHC en sangre). Es poco probable que el VHC se transmita a través de la lactancia o de la leche materna.

Si aún no te has hecho un análisis para saber si tienes el VHC o si no sabes si te lo han hecho, es conveniente que se lo comuniques a tu proveedor de atención médica. Se recomienda que las personas VIH positivas se realicen el análisis para detectar el VHC.


¿La infección del VHC afecta a todos de la misma manera?

No. El hecho de que una persona esté infectada con el VHC no implica, necesariamente, que desarrollará enfermedad hepática. También es importante tener en cuenta que el VHC puede tardar muchos años (más de 20 ó 30, en muchos casos) en provocar enfermedades hepáticas de riesgo mortal, si es que en algún momento esto sucede.

Sólo una cantidad relativamente pequeña de personas (un 25%, como máximo) manifiesta síntomas al infectarse (infección aguda). Los síntomas de la hepatitis C aguda (si aparecen) son similares a los de la hepatitis A y B: fatiga, pérdida de apetito, náuseas e ictericia. Más de la mitad de las personas infectadas con el VHC manifestarán un aumento en los niveles de ALT (una enzima que produce el hígado), pero no lo "sentirán" como un síntoma. Muchas personas tienen niveles normales de ALT y de todas maneras, tienen enfermedad hepática.

Alrededor del 20% de las personas infectadas con el VHC logran eliminar el virus, por lo general dentro de los primeros seis meses de contraída la infección. Sin embargo, la mayoría de las personas (80%) que están infectadas con el VHC desarrollan hepatitis C crónica y es probable que la infección no desaparezca en toda la vida o hasta que el virus se elimine con tratamiento. En otras palabras, si 100 personas contraen el VHC mañana, 20 de ellas eliminarán el virus dentro de los primeros seis meses, y 80 seguirán infectadas.

De las 80 personas con hepatitis C crónica, aproximadamente 28 (el 35%) de ellas se mantendrán saludables. Ésto quiere decir que conservarán niveles normales de las enzimas hepáticas y que no contraerán enfermedad hepática a causa de la infección. Sin embargo, el virus aún podrá detectarse en el hígado y en la sangre, lo que significa que la infección aún podrá transmitirse a otras personas. Las 52 personas restantes (el 65%) con hepatitis C crónica, manifestarán algunos síntomas de enfermedad hepática, por lo general dentro de los primeros 15 años. Alrededor de 16 personas (el 20%) con hepatitis C crónica contraerán cirrosis (cicatrización del hígado como consecuencia del avance de la fibrosis, que es la proliferación de tejido conectivo hepático) dentro de los 20 años posteriores a la infección.

Si bien la cirrosis no acarrea riesgo de muerte a corto plazo, puede afectar gravemente el buen funcionamiento del hígado y aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de hígado. De las 16 personas con VHC que contraen cirrosis, es probable que cuatro (el 25%) de ellas desarrollen insuficiencia hepática o cáncer de hígado dentro de los 25 años posteriores a la infección. Estos números se aplican a personas que sólo están infectadas con el VHC. La coinfección con el VIH (que se explica más abajo), el virus de la hepatitis B o el consumo de alcohol afectan gravemente la progresión de la enfermedad del VHC.


¿Por qué la hepatitis C es diferente para las personas con VIH?

Diversos estudios han demostrado que el VIH puede tener un impacto negativo en la conducta del VHC en el cuerpo. En primer lugar, el VIH puede aumentar las probabilidades de que una persona que tiene hepatitis C crónica desarrolle cirrosis hepática. Entre 20 y 25 de cada 80 personas que tienen un sistema inmunológico saludable y que padecen hepatitis C crónica contraerán cirrosis dentro de los 20 años posteriores a la infección. Pero si también tienen VIH, es probable que entre 30 y 35 de cada 80 personas desarrollen cirrosis.

La infección con VIH también puede acelerar la velocidad a la que la infección del VHC provoca cirrosis. En un estudio, las personas infectadas con el VIH y con el VHC presentaron el doble de probabilidades de desarrollar cirrosis después de 13 años, que aquellos que sólo tenían el VHC (un 15% contra un 6%). Se han observado casos similares en otros estudios.

Las personas que tienen VIH y también VHC tienen más probabilidades de padecer insuficiencia hepática (que suele ser mortal, a menos que reciban un transplante) que las personas que sólo tienen VHC. Un estudio concluyó que las personas con hemofilia infectadas con ambos virus eran 21 veces más propensas a morir de insuficiencia hepática que aquellas que sólo estaban infectadas con el VHC.

Otro aspecto a tener en cuenta es la salud del hígado y los medicamentos anti-VIH. El hígado procesa (metaboliza) muchos medicamentos anti-VIH, entre los que se encuentran los inhibidores de la proteasa y los inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa reversa. Ésto puede provocar problemas para las personas que tienen el VIH y también el VHC. En primer lugar, el hígado necesita estar en buenas condiciones para poder procesar correctamente estos medicamentos. Si el VHC daña el hígado, es posible que no se pueda usar la terapia anti-VIH. Además, algunos medicamentos que se utilizan para tratar el VIH pueden provocar lesiones hepáticas, incluso en personas que no están infectadas con el VHC. A su vez, algunos medicamentos anti-VIH pueden agravar o acelerar la enfermedad hepática producida por el VHC.


¿Cuáles son los síntomas de la hepatitis C?

Como se explicó anteriormente, aproximadamente sólo una de cada cuatro personas manifiestan síntomas al infectarse. Muchas personas que tienen hepatitis C crónica tampoco manifiestan síntomas de enfermedad hepática. Es decir, no se sienten ni parecen enfermas. Si se presentan síntomas, suelen ser leves, no muy específicos, aparecen y desaparecen y son similares a los que se observan en la hepatitis C aguda.

Si la infección del VHC provoca lesiones hepáticas graves y/o cirrosis, los síntomas aparecen o se agravan. Además de fatiga, los síntomas pueden incluir: pérdida de apetito, náuseas, dolor de cabeza, fiebre, vómitos, ictericia, pérdida de peso, picazón, depresión, cambios en el estado de ánimo, confusión mental, dolor muscular y articular, retención de líquidos, hinchazón y dolor abdominal e hinchazón de tobillos.


¿Qué análisis de laboratorio debo tener en cuenta?

Existen análisis de laboratorio para diagnosticar la hepatitis C y también para controlar las condiciones generales de las personas que la padecen.

Análisis de anticuerpos contra el VHC: El diagnóstico de la hepatitis C se inicia con una prueba de anticuerpos parecida a la que se usa para diagnosticar el VIH. Por lo general, los anticuerpos contra el VHC se pueden detectar en la sangre dentro de las primeras seis o siete semanas después de la infección, aunque algunas personas pueden tardar hasta tres meses o más en generar anticuerpos detectables. Si la prueba de anticuerpos contra el VHC da positiva, por lo general se realiza otra prueba para confirmar el resultado: puede hacerse otra prueba de anticuerpos o bien una prueba de reacción en cadena de polimerasa (RCP).

Si la prueba de anticuerpos contra el VHC da positiva, quiere decir que el paciente alguna vez estuvo expuesto al virus. Debido a que aproximadamente el 20% de las personas infectadas con el VHC eliminan el virus, por lo general dentro de los seis meses posteriores a la exposición, el siguiente paso es detectar si hay virus en la sangre.

Análisis de carga viral del VHC: Para detectar el VHC, el proveedor de atención médica puede solicitar una prueba de RCP cualitativa para determinar si el virus está o no presente en la sangre. El proveedor de atención médica también puede solicitar una prueba de RCP cuantitativa (muy parecida a la que se usa en el VIH) para detectar si hay VHC y para conocer la carga viral del VHC (la cantidad de VHC en la sangre) de la persona.

La carga viral cuantitativa del VHC es una prueba de laboratorio muy importante. A diferencia de la prueba de carga viral para el VIH, que puede ayudar a pronosticar cuánto tardará una persona en evolucionar a un diagnóstico de SIDA, la prueba de carga viral del VHC no puede determinar si alguien que tiene hepatitis C desarrollará o en qué momento se manifestará la cirrosis o la insuficiencia hepática. Sin embargo, la carga viral del VHC puede ayudar a determinar las probabilidades de respuesta al tratamiento de una persona. En términos generales, cuanto más baja sea la carga viral del VHC, más probabilidades tendrá la persona de responder al tratamiento anti-VHC. Las pruebas de carga viral del VHC se utilizan durante el tratamiento para saber si la terapia funciona.

Es muy importante tener en cuenta que los resultados de la carga viral del VHC suelen ser mucho más altos que los de la carga viral del VIH. Ésto puede resultar confuso. Se dice que una carga viral de VIH es baja cuando el resultado se encuentra por debajo del rango de 5.000 a 10.000 copias/mL. Ahora bien, se considera baja a una carga viral del VHC inferior a dos millones de copias/mL. Las cargas virales del VHC suelen expresarse en unidades internacionales (UI). No existe ninguna fórmula de conversión estándar para pasar de copias/mL a UI/mL. Cada análisis de carga viral cuantitativo es diferente, por lo que es importante usar el mismo laboratorio y el mismo análisis cada vez que se mida la carga viral. La carga viral a menudo se describe como baja o alta:

    Baja: menos de 2 millones de copias/mL (600.000 a 800.000 UI/mL)
    Alta: más de 2 millones de copias/mL (600.000 a 800.000 UI/mL)

Análisis genotípicos: No todos los virus de la hepatitis C son iguales. Existen, al menos, seis tipos distintos de "genotipos" del VHC. Ésto quiere decir que sus estructuras varían levemente entre sí. Además, es posible dividir algunos de estos genotipos en subtipos. Por ejemplo, el genotipo 1 del VHC se divide en los subtipos "a" y "b".

En los Estados Unidos, los genotipos 1, 2 y 3 del VHC son los más frecuentes. Los otros genotipos son más frecuentes en el Medio Oriente, África y Asia.

El genotipo del VHC no indica las probabilidades de que una persona con hepatitis C desarrolle cirrosis o insuficiencia hepática, ni tampoco afecta la velocidad a la que se presentarán estas condiciones. En otras palabras, el genotipo del VHC no parece afectar la evolución de la enfermedad. Pero el genotipo del VHC sí puede pronosticar la efectividad del tratamiento: los genotipos 1 y 4 del VHC son los más difíciles de tratar, mientras que los genotipos 2 y 3 presentan una buena respuesta al tratamiento, por lo general en un lapso más corto de tiempo. Lamentablemente, en Estados Unidos el genotipo 1 del VHC es el más frecuente en personas con VIH y representa el 75% de todas las infecciones de hepatitis C.

Conocer el genotipo del VHC puede contribuir a que tú y tu proveedor de atención médica tomen decisiones acertadas acerca del tratamiento en el momento indicado, si es que fuera necesario seguir un tratamiento. Entre estas decisiones se incluyen las que se aplican al tipo y duración del tratamiento.

Análisis de enzimas hepáticas: Al igual que en el caso de la hepatitis A y B, las dos enzimas hepáticas que deben tenerse bajo mayor control son la alanina aminotransferasa (ALT) y la aspartato aminotransferasa (AST). Aproximadamente dos tercios de las personas con hepatitis C crónica tienen niveles elevados de ALT, lo que refleja el daño constante en los hepatocitos. Sin embargo, para un tercio de las personas con hepatitis C crónica, los niveles de ALT se mantienen normales. Muchas de estas personas vivirán con la infección del VHC sin problemas hepáticos, pero otras con niveles de ALT normales o incluso bajos, quizás padezcan daño hepático progresivo. Los niveles de AST también suelen ser altos en personas con hepatitis C crónica. Sin embargo, los niveles de AST suelen ser inferiores a los niveles de ALT. Si se desarrolla cirrosis, los niveles de AST pueden sobrepasar los niveles de ALT, una señal de que las lesiones hepáticas se están agravando.

Biopsia hepática: El análisis de la carga viral del VHC y la prueba de enzimas hepáticas resultan muy útiles. Sin embargo, no pueden determinar si el hígado tiene lesiones hepáticas como consecuencia de la infección con el VHC y si así fuera, el grado de daño que se haya producido. Para averiguar ésto, suele ser necesario recurrir a una biopsia hepática, en especial para decidir si es conveniente comenzar el tratamiento y en qué momento hacerlo. Se ofrece información acerca del procedimiento de la biopsia hepática en la sección de la hepatitis B.


¿Cómo se trata la hepatitis C?

La primera pregunta que surge cuando se habla del tratamiento de la hepatitis C es: ¿Cómo sé cuándo comenzar?

En términos generales, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) recomiendan iniciar el tratamiento antes de desarrollar cirrosis (que puede detectarse con una biopsia hepática). Sin embargo, esta recomendación sólo se extiende a aquellas personas que corren "riesgo extremo" de desarrollar cirrosis en el futuro. Ésto se refiere a aquellos que cumplen con todas las condiciones que se indican a continuación:

  • Niveles elevados de ALT;

  • VHC detectable en el análisis de carga viral;

  • Biopsia hepática que revela un grado de fibrosis moderado a severo, inflamación y necrosis (muerte de las células); y

  • Que no existen dudas acerca de la seguridad del el tratamiento.

Si se presentan estas condiciones, se debería ofrecer tratamiento al paciente, independientemente de que se hayan manifestado síntomas o no, de la vía de infección del VHC, del genotipo del VHC o de la carga viral del VHC.

Éstas son algunas de las circunstancias en que los proveedores de atención médica deberían decidir si es conveniente iniciar un tratamiento personalizado después de haber hablado con el paciente:

  • Niveles de ALT normales, aun si el VHC es detectable en la prueba de RCP (es posible que el tratamiento aún no sea necesario);

  • Ya se ha efectuado un transplante de hígado;

  • Problemas renales;

  • Consumo activo de sustancias, entre ellas el alcohol;

  • Antecedentes de complicaciones que puedan afectar la seguridad o efectividad de la terapia, como por ejemplo, depresión grave no tratada (que puede agravarse si se usa interferón-alfa, el tratamiento estándar para la hepatitis C).

El tratamiento es contraindicado (es decir, no debería utilizarse) en las siguientes circunstancias:

  • Enfermedad hepática grave, tal como la cirrosis descompensada, que ocurre cuando el hígado ya no puede reparar el daño que se ha producido (para estos pacientes, la mejor opción podría ser el transplante de hígado);

  • Previo transplante de riñón o corazón;

  • Mujeres embarazadas;

  • Mujeres que no pueden o no quieren utilizar métodos anticonceptivos (las terapias contra la hepatitis C pueden provocar graves defectos congénitos).

Para las personas coinfectadas con el VIH y el VHC, existen factores adicionales que deberían tenerse en cuenta al decidir si es conveniente comenzar un tratamiento anti-VHC y en qué momento hacerlo. Es muy importante que las personas que tienen ambos virus estudien sus opciones detalladamente con su proveedor de atención médica. Entre los factores a tener en cuenta se incluyen:

  • Las personas con VIH y VHC pueden desarrollar cirrosis o insuficiencia hepática más rápido que las personas que sólo tienen el VHC. Además, algunos expertos en enfermedades hepáticas recomiendan iniciar el tratamiento, aunque una biopsia revele leves indicios de fibrosis, inflamación y necrosis (en comparación con los indicios moderados o severos en personas que sólo tienen hepatitis C).

  • El VHC puede aumentar el riesgo de lesión hepática, lo que puede impedir el correcto procesamiento de ciertos medicamentos anti-VIH. Las personas coinfectadas con VIH y VHC tienen más probabilidades de que el tratamiento anti-VHC las favorezca cuando el sistema inmunológico se halla sano y fuerte (por ejemplo, cuando el recuento de CD4 es alto y la carga viral del VIH es baja). Por estos motivos, algunos expertos en enfermedades hepáticas recomiendan un tratamiento anti-VHC temprano, antes de que sea necesario recurrir al tratamiento anti-VIH.

  • Los medicamentos anti-VIH pueden provocar efectos secundarios en el hígado que pueden agravar la hepatitis C. Algunos expertos recomiendan el tratamiento anti-VHC para reducir las probabilidades de que la hepatitis C ocasione (más) daño al hígado, una vez que se hayan comenzado a tomar medicamentos anti-VIH.

Lo más importante es que la decisión acerca de si es conveniente o no comenzar un tratamiento y acerca de qué momento elegir para hacerlo, es una decisión personal. Independientemente de lo que indiquen o no las pautas "oficiales", la decisión depende de ti y de tu proveedor de atención médica y se basa en tus opiniones, temores y circunstancias.


¿Se puede curar la hepatitis C?

Todo depende de a quién se le pregunte.

En términos generales, el éxito del tratamiento se determina en dos momentos: cuando se termina el tratamiento, momento que se conoce como respuesta de fin de tratamiento, y seis meses después de haber terminado el tratamiento, momento que se conoce como respuesta sostenida. Las pruebas más importantes en estos dos momentos son: las pruebas de enzimas hepáticas y el análisis de carga viral del VHC. Si los niveles de las enzimas hepáticas vuelven a la normalidad y la carga viral es indetectable al momento de finalizar el tratamiento, se dice que la persona ha logrado una respuesta de fin de tratamiento efectiva. Si los niveles de las enzimas hepáticas se mantienen normales y la carga viral del VHC aún es indetectable después de haber pasado seis meses desde la conclusión del tratamiento, se dice que la persona ha logrado una respuesta sostenida efectiva.

Si una persona que terminó el tratamiento contra la hepatitis C tiene niveles normales de enzimas hepáticas y no presenta VHC en la sangre, ¿no podría decirse que se ha curado? Algunos expertos en enfermedades hepáticas responden que sí, que se ha curado: la gran mayoría de las personas que logran una respuesta sostenida como resultado del tratamiento no presentan problemas hepáticos durante muchos años. Sin embargo, algunos expertos señalan que la mayoría de los pacientes que logran una respuesta sostenida aún tienen rastros de VHC en el hígado que podrían reactivarse con el tiempo.

Sólo con el tiempo podrá saberse cuál es el verdadero significado de la respuesta sostenida. Debido a que el VHC se identificó recién en 1988, se dispone de muy pocos conocimientos acerca de cómo actúan los tratamientos y acerca de los resultados que se pueden esperar de ellos. Sin embargo, se considera que la respuesta de fin de tratamiento es una buena respuesta al tratamiento y que la respuesta sostenida es un resultado excelente. Ambas conducen a mejores condiciones hepáticas, un resultado que puede mejorar la calidad de vida de algunas personas y salvar la vida de otras.

¿Qué sucede en las personas con hepatitis C que no logran una respuesta de fin de tratamiento o una respuesta sostenida como resultado del tratamiento? Según algunos estudios recientes, el tratamiento tiene mucho para ofrecer a las personas con hepatitis C que no logran ninguno de los dos resultados. Aunque sólo se produzcan mejorías leves en las pruebas de enzimas hepáticas o mejorías moderadas en la carga viral del VHC (o los resultados de laboratorio empeoren después de una buena respuesta al comienzo de la terapia), ésto suele conducir a beneficios a largo plazo para el hígado. Los investigadores están efectuando estudios para determinar cómo estos beneficios permitirían lograr que las personas con hepatitis C puedan vivir más tiempo y alcanzar una mejor calidad de vida.


¿Qué tratamientos existen para la hepatitis C?

Hasta 1998, el único tratamiento que había para la hepatitis C crónica era interferón-alfa, una versión sintética de una hormona que el cuerpo elabora naturalmente y que tiene propiedades antivirales e inmunomoduladoras. El medicamento sólo resultaba medianamente efectivo en lo que respecta a la respuesta de fin de tratamiento y la respuesta sostenida, y se lo vinculaba con muchos efectos secundarios, a menudo debilitantes.

Si bien en la actualidad a veces se utiliza interferón, existen versiones mejoradas del medicamento. Interferón pegilado (Pegasys, PEG-Intron) contiene partículas microscópicas (polietilenglicol) unidas a una molécula de interferón que hace que el medicamento permanezca en la sangre durante más tiempo. Ésto permite que sólo sea necesario aplicarse inyecciones una vez por semana (interferón estándar requería que las inyecciones se aplicaran tres veces por semana o todos los días). Además, si se utiliza interferón pegilado, los niveles de los medicamentos en la sangre son más altos y duran más tiempo que al usar interferón estándar, lo que hace que el medicamento sea más efectivo contra el VHC. A pesar de que los efectos secundarios de interferón pegilado son similares a los de interferón estándar, el beneficio del tratamiento es más marcado.

La Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) aprobó un segundo antiviral para usar en combinación con interferón para el tratamiento de la hepatitis C. Ribavirin (Rebetol, Copegus) aumenta las probabilidades de lograr una respuesta de fin de tratamiento y una respuesta sostenida, si se lo combina con interferón estándar o pegilado. En la actualidad, el tratamiento anti-VHC más recomendado es la terapia combinada con ribavirin e interferón pegilado.

A continuación se detallan los tratamientos actuales para la hepatitis C crónica:

    Interferón-alfa (Roferon-A, Intron A): Si se usa solo, sin ribavirin (en general no se recomienda), la dosis normal es de 3 millones de unidades, tres veces por semana, por vía subcutánea (debajo de la piel). La terapia se continúa durante un año.

    Sólo del 10% al 20% de personas que utilizan interferón-alfa sin otros medicamentos logran una respuesta sostenida: una carga viral del VHC indetectable seis meses después de haber finalizado el tratamiento. Los resultados han sido similares tanto para pacientes VIH positivos como para los VIH negativos con hepatitis C.

Con frecuencia, interferón-alfa provoca efectos secundarios, aunque su gravedad varía de una persona a otra. Dichos efectos secundarios se manifiestan tanto en la versión estándar como en la versión pegilada del medicamento y, entre ellos, se encuentran:


  • Fatiga

  • Dolores musculares y articulares

  • Fiebre baja y/o escalofríos

  • Dolor de cabeza

  • Náuseas y vómitos

  • Irritación cutánea en el lugar de la inyección
  • Pérdida de peso

  • Recuento bajo de glóbulos blancos y glóbulos rojos

  • Caída del cabello leve y reversible

  • Irritabilidad

  • Depresión

  • Pensamientos suicidas (raramente)

    • Estos efectos secundarios suelen ser más fuertes durante las primeras semanas de tratamiento, especialmente después de la primera inyección, pero, por lo general, disminuyen con el tiempo. Las inyecciones nocturnas de interferón pueden atenuar los efectos secundarios, porque se manifiestan durante las horas de sueño. Ibuprofen (Advil, Motrin, etc.) puede calmar algunos efectos secundarios que se asemejan a la gripe, y los antidepresivos pueden ayudar a controlar la depresión persistente.

      Interferón pegilado (Pegasys, PEG-Intron): Si se usa solo, se suele recomendar seguir tratamiento durante un año. La dosis depende de la marca que se use. La dosis de PEG-Intron varía según el peso corporal, mientras que la dosis de Pegasys es siempre la misma, independientemente del peso. Interferón pegilado se inyecta por vía subcutánea (debajo de la piel) una vez por semana.

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      Si se usa interferón pegilado sin otros medicamentos, de un 25% a un 40% de las personas con hepatitis C crónica (pero sin VIH) logran una respuesta sostenida efectiva. Las pruebas de enzimas hepáticas y los análisis de carga viral del VHC revelan mejorías en algunos pacientes con cirrosis descompensada, que es un tipo de enfermedad hepática avanzada que no suele tratarse con interferón-alfa estándar. También hay estudios que revelan que interferón pegilado tiene la misma efectividad en personas con VIH y hepatitis C crónica.

      Los efectos secundarios de interferón pegilado son similares a los de interferón-alfa estándar, y los mismos métodos pueden contribuir a atenuarlos.

      Ribavirin (Rebetol, Copegus): Ribavirin se debe usar en combinación con interferón-alfa estándar o con interferón pegilado (si se usa solo, no resulta efectivo contra la hepatitis C). Ribavirin se administra por vía oral dos veces al día, y la dosis oscila entre 800 mg y 1.200 mg por día, según el genotipo del VHC y el peso corporal.

      Además de los efectos secundarios vinculados a interferón, ribavirin puede provocar anemia (recuento bajo de glóbulos rojos), picazón, erupción cutánea, congestión nasal y tos. La anemia puede ser grave y a veces se trata con inyecciones de eritropoyetina (Procrit o Epogen), que induce a la médula ósea a producir más glóbulos rojos. Ribavirin también puede provocar graves defectos congénitos. Las mujeres deberían procurar no quedar embarazadas mientras que ellas o su pareja sexual estén tomando ribavirin y durante los seis meses posteriores a haber dejado de tomar el medicamento. Tanto los hombres como las mujeres deberían usar algún método anticonceptivo mientras que toman ribavirin y durante los seis meses posteriores al fin del tratamiento. De ser posible, ribavirin no debería tomarse con Videx (ddI) y, en menor medida, con Zerit (d4T), dos medicamentos que se usan en el tratamiento anti-VIH. Algunos de los efectos secundarios de Videx y Zerit tienen más probabilidades de ocurrir si se combinan dichos medicamentos.

    Según estudios realizados en personas que tienen el VHC (pero no el VIH), la duración del tratamiento combinado con interferón y ribavirin depende del genotipo del VHC de la persona. En el caso del genotipo 2 ó 3 del VHC, el tratamiento suele durar seis meses. En el caso del genotipo 1, por lo general el tratamiento dura un año. Lamentablemente, debido a que se dispone de poca información de estudios clínicos en los que se incluyen a personas coinfectadas con VIH y VHC, es muy difícil saber si ésto también se aplica a ellos. Por eso, muchos expertos en enfermedades hepáticas consideran que es mejor tratar a las personas infectadas con ambos virus durante al menos un año, sin importar cuál sea el genotipo del VHC.

    También se sabe, gracias a estudios que incluyen a personas que viven con el VHC (pero no con el VIH), que la efectividad del tratamiento al combinar ribavirin e interferón depende del tipo de interferón-alfa que se use y del genotipo que se esté tratando. Al utilizar interferón-alfa estándar junto con ribavirin, de un 35% a un 45% de las personas logran una respuesta sostenida. En dos importantes estudios de personas con el VHC (pero no con el VIH) se utilizó interferón pegilado, y se observó una tasa general de respuesta sostenida mayor al 50%. Del 42% al 46% de las personas con el genotipo 1 del VHC que participaron en este estudio, tuvieron una respuesta sostenida al tratamiento. Del 76% al 82% de las personas con los genotipos 2 ó 3 del VHC tuvieron una respuesta sostenida.

    Los resultados preliminares de estudios que incluyen a personas con el VHC y el VIH indican que las tasas de respuesta a interferón (estándar y pegilado) combinado con ribavirin son más bajas y que los efectos secundarios suelen ser peores. Para aumentar las probabilidades de respuesta sostenida en personas con ambos virus, en especial aquellas con el genotipo 1 del VHC, algunos proveedores de atención médica indican seguir el tratamiento de interferón/ribavirin durante 18 meses (y a veces más tiempo).

    Cuando se usa interferón-alfa estándar junto con ribavirin, generalmente no más del 20% de las personas coinfectadas obtienen una respuesta sostenida al tratamiento. La respuesta sostenida observada en tres estudios clínicos fue de un 27% a un 40% en las personas coinfectadas que usaron interferón pegilado junto con ribavirin. Estos tres estudios son: el estudio estadounidense ACTG A5071, el estudio internacional APRICOT y el estudio francés RIBAVIC.

    La respuesta sostenida al tratamiento varía de acuerdo al genotipo del VHC que se esté tratando. En estos estudios de interferón pegilado con ribavirin, de un 44% a un 73% de las personas con el VIH y genotipo 2 ó 3 del VHC lograron una respuesta sostenida, mientras que en las personas con genotipo 1 la tasa de respuesta sostenida fue del 14% al 29%.

    Una lista más completa de factores que pueden afectar el éxito de la respuesta al tratamiento (basada en estudios de personas con el VHC pero VIH negativas), incluye:

    Más predictivos:

    • genotipo 2 ó 3

    • carga viral del VHC baja al iniciar el tratamiento (menos de dos millones de copias/mL o de 600.000 a 800.000 UI/mL).

    Levemente predictivos:

    • menos de 40 años de edad

    • mujer en etapa premenopáusica

    • fibrosis leve

    • ausencia de cirrosis

    • índice de masa corporal (IMC) bajo.

    No se sabe con certeza si estos factores predictivos se aplican a las personas coinfectadas con el VHC y el VIH.

    A muchas personas se les realiza un examen después de tres meses de tratamiento. Si la carga viral del VHC no bajó considerablemente, se suele interrumpir el tratamiento, porque esto indica que es muy poco probable que pueda lograrse una respuesta sostenida. Si la primera vez no logran una respuesta sostenida, algunas personas vuelven a comenzar el tratamiento. Si bien las probabilidades de que el tratamiento funcione la segunda o tercera vez que se lo intenta son relativamente bajas, reiniciar el tratamiento puede ser muy beneficioso para algunos. Algunas personas utilizan una dosis baja de interferón como "terapia de mantenimiento" después de haber completado el tratamiento.

    Existen muchos medicamentos experimentales en desarrollo para el tratamiento de la hepatitis C crónica. Entre ellos, se encuentran medicamentos que impiden que el VHC se una a las células hepáticas, medicamentos que atacan las enzimas virales que ayudan al VHC a reproducirse y tratamientos que fortalecen la respuesta inmunológica del cuerpo ante el VHC.

    Debido a que la depresión es frecuente tanto antes como durante el tratamiento contra el VHC, las personas que piensan seguir una terapia con interferón pueden encontrar la ayuda que necesitan para completar el tratamiento si disponen, con anterioridad, del apoyo de un profesional de la salud mental y/o un grupo de apoyo.


    ¿Cómo se puede prevenir la hepatitis C?

    Debido a que no hay una vacuna contra la hepatitis C, la mejor manera de prevenir la infección es evitar el contacto con la sangre de otra persona. Ésto también se aplica a las personas que ya están infectadas con el VHC, para que no transmitan el virus a otros. Incluso si eres una de esas personas afortunadas cuyo sistema inmunológico eliminó el virus después de la infección o que logró una respuesta exitosa al tratamiento contra el VHC, puedes volver a infectarte con el VHC. A diferencia de los anticuerpos contra la hepatitis A y la hepatitis B, los anticuerpos contra el VHC no previenen futuras infecciones con el VHC.

    Al dejar de usar drogas inyectables, se eliminaría la vía de contagio del VHC más frecuente, pero dejar de usar drogas inyectables no es una posibilidad realista para todos. Si utilizas drogas inyectables, cada vez que te inyectes utiliza una jeringa nueva y estéril, cambia el algodón, el recipiente para diluir o cocinar las drogas y el agua; nunca vuelvas a usar, ni compartas jeringas, agujas, agua u otro instrumento para preparar drogas. Si separas las drogas, hazlo cuando se encuentran en estado sólido (en polvo) o utiliza una nueva jeringa estéril para separarlas. Nunca recargues la jeringa que usó otra persona, y asegúrate de limpiar el lugar de la inyección y de evitar contacto con sangre.

    No compartas cepillos de dientes, hojas de afeitar, cortauñas u otros artículos que puedan tener sangre. Si estás pensando en hacerte un tatuaje o alguna perforación en el cuerpo (en inglés "piercing"), asegúrate de que los procedimientos sean realizados por expertos acreditados y de confianza, y que se respeten todas las medidas de higiene, como el uso de un equipo y tinta estériles.

    Si bien el riesgo de transmisión del VHC por vía sexual es muy bajo, es mejor usar un método de barrera (preservativos, guantes de látex, etc.) para reducir el riesgo de contagio del VIH, VHC y otras enfermedades de transmisión sexual.





      
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    This article was provided by AIDS Community Research Initiative of America. Visit ACRIA's website to find out more about their activities, publications and services.
     

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