Rafael Abadía, Palm Beach Gardens, FLA.; Diagnosticado en 1993
No les podía decir a mis padres pro teléfono. Volé a Puerto Rico. Estaba realmente preocupado por cómo mis padres iban a llevarlo. Son muy religiosos, cristianos fundamentalistas. Ser gay era un problema. No sabía qué esperar.
Entonces llegó el día, y me senté en la sala de mi padres; mi mamá estaba en la cocina. Les dije "papá, necesito hablar con ustedes dos. Es muy grave". Llamó a mi mamá y mi mamá no le hizo caso, no quería venir. Sabían que algo estaba pasando. [risas] Cuando llegó mi mamá, los tres nos sentamos en la sala, y les dije que tenía SIDA.
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Mi papá es lo que yo llamo un verdadero macho "man "puertorriqueño, a quien nunca había visto llorar. Corrió a su cuarto, llorando -- realmente llorando. Corrí tras él. Lo agarre y puse su cabeza en mi hombro y ambos lloramos juntos.
Para mi sorpresa, me aceptaron inmediatamente. Pensé que me iban a guardar las cucharas, las tazas y no dejarme utilizarlos -- porque he oído historias de horror de otras personas. Pero no, desde el primer día me aceptaron, y estaban allí para mí.
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